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COSTA DE CANTABRIA El encuentro del azul del mar con el verde de las praderías

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En este litoral, el bravo mar Cantábrico ha modelado la tierra dando lugar a abruptos acantilados, islotes, extensas playas de arenas blancas, pequeñas calas y ensenadas, rías, puertos naturales y villas marineras.

Por E.G

Durante milenios, la costa de Cantabria se ha esculpido por la erosión producida por el embate de las olas contra la tierra, produciendo de esta lucha entre el mar y la montaña un paisaje de promontorios y cabos, penínsulas, largos arenales, pequeñas calas, ensenadas y bahías, donde el hombre ha situado sus puertos y pueblos, castillos, edificios de defensa y faros.

Dentro de la franja costera, existen espléndidas reservas naturales como la Reserva Natural de las Marismas de Santoña, parada obligatoria para miles de aves durante sus migraciones; el Parque Natural de las Dunas de Liencres; o el Parque Natural de Oyambre, todos ellos de gran valor paisajístico.

En la línea litoral de Cantabria se ubican una treintena de municipios costeros que, desde tiempos inmemoriales han tenido en el mar su fuente de riqueza, a través de la pesca, la construcción de barcos o los viajes de ultramar. En las aguas cantábricas están sumergidas las historias de los pescadores del Paleolítico, las hazañas de los marinos mercantes desde los tiempos de Roma, las despedidas de generaciones de emigrantes cántabros que abandonaron su tierra para hacer fortuna en América.

Esa historia ha llegado hasta nuestros días, y está escrita en las bellas villas marineras como Laredo, Castro Urdiales, Santoña, Suances, Comillas o San Vicente de la Barquera, en las que pervive la milenaria tradición pesquera y que hoy, como hace cientos de años, los pescadores llegan diariamente a los puertos con sus capturas para ser vendidas al amanecer en las lonjas.

En las salobres aguas del Cantábrico habitan una numerosa variedad de especies marinas, que son la base de una rica y tradicional gastronomía y entre cuyos representantes encontramos a los peces de roca de recio sabor, las sardinas y bocartes (boquerones), el preciado bonito, el rape, la merluza, mariscos y crustáceos. La excelente calidad de los pescados y mariscos cantábricos ha motivado que su elaboración sea muy sencilla, huyendo de los aditamentos que disfrazan el sabor de estos habitantes marinos. El guiso marinero por excelencia de Cantabria es la marmita, un plato tradicional de los pescadores, cuya base es el bonito del norte acompañado por patata.

Playas

En la costa de Cantabria se abren alrededor de 90 playas que, entre todas, ocupan un total de 50 kilómetros. Desde los extensos arenales, algunos con más de tres kilómetros de longitud como las playas de Merón en San Vicente de la Barquera o La Salvé, en Laredo, a pequeñas y recogidas calas. Todas ellas recorren el litoral de Cantabria, destacando por su arena dorada y fina, así como por la calidad de sus aguas.

Solitarias, bajo acantilados, urbanas, salvajes…grandes arenales o pequeñas calas, las playas de Cantabria ofrecen toda la variedad posible en cuanto a paisajes, formas y ubicación.

Como ejemplo de playas urbanas, encontramos las de Santander, todas ellas integradas en la ciudad e impecablemente limpias, que se iluminan durante la noche para fundirse con el conjunto que forman el Palacio de la Magdalena y el edificio del Gran Casino, con los elegantes palacetes, nobles villas, hoteles y restaurantes que rodean la zona playera la capital de Cantabria. Con nombres como La Concha, El Camello, La Magdalena, la Primera y Segunda de El Sardinero o Mataleñas, estas playas muy concurridas durante los meses del verano, sirven de lugar de esparcimiento y paseos durante todo el año.

Junto a este tipo de playas, encontramos las solitarias, alejadas de grandes núcleos urbanos y situadas en bellos parajes naturales en los que apenas se percibe la presencia del hombre, salvo en los meses de verano cuando acuden a ellas los bañistas. Algunos ejemplos de éstas serían las playas de Berria en Santoña, Langre en Ribamontán al Mar, El Puntal en Pedreña, La playa de Liéncres situada en el Parque Natural de las Dunas de Liencres, Oyambre en Valdáliga o El Merón en San Vicente de la Barquera. Todas ellas grandes arenales abiertos al mar y de fina y dorada arena.

Intercaladas entre estos grandes arenales, se reparten multitud de calas y pequeños arenales, muchas de ellos solitarios durante gran parte del año y algunas frecuentadas, incluso en los meses de invierno, por los aficionados al deporte del surf.

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