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Gran Crucero de Rusia, tierras de zares y bolcheviques

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Realizar un crucero fluvial es algo diferente. Una forma novedosa de conocer otras tierras, sus gentes y sus raíces.

Empezamos por Rusia pero sólo es el comienzo…

Por Óscar San Martín Molina

Es la Gran Rusia. Heredera de los zares y hermana mayor de los bolcheviques. Sí, en otros tiempos, gloriosos para unos, y de penumbras para otros. Pero lo que nadie duda es que siempre fueron tiempos de notoriedad.

Aún recuerdo cuando de pequeño observaba en un mapa la extensa y extinta URSS. Era grande, impresionaba, sus fronteras parecían no tener fin. Miraba ensimismado sus grandes estepas y soñaba con recorrerlas. Pero había un lugar, una franja, una pequeña porción geográfica pero enorme culturalmente, de la Gran Rusia que me fascinaba. La culpa era de todas las historias que había oído y leído sobre un río que nunca se me olvidaría, de nombre Volga. Su fama lo precedía, y me atraía, y sus leyendas y sobre todo la forma que unía el mundo más bolchevique: el omnipresente Moscú, con el paraíso zarista, la bella San Petersburgo, nunca me lo podía quitar de la cabeza.

Entre medias, lugares como el gran lago Onega, Goritsy o Yaroslavl que llenaban mi cabeza de sueños, diciéndome constantemente: “Algún día los conoceré…”

Rumbo al viaje

Por fin llegó ese momento, y gracias a los cruceros fluviales de Politours pude hacer realidad esos sueños… Aún perplejo por el viaje , saqué mis guías y empecé a “empaparme” el itinerario. No quería dejar ningún detalle al azar.

El Gran Crucero de Rusia puede realizarse desde Moscú a San Petersburgo, o viceversa. Nosotros optamos por el segundo.

Fue una decisión al azar pero a la larga acertada. Nuestro crucero seguiría acompasado a la historia de Rusia cronológicamente, a la par que surcaba contracorriente las tranquilas aguas del Volga y sus afluentes. A favor de la historia y flirteando con la naturaleza. ¡ Bienvenidos al Zosima Shashkov!

San Petersburgo, la joya de los zares

Sí, es todo en la historia, cultura, fábulas y cuentos de zares y zarinas. Ésa es la bella San Petersburgo, la “Venecia rusa”, la joya cultural de Rusia.

Tenemos dos días para disfrutar de la ciudad antes de poner rumbo hacia nuestra próxima parada. Nuestros periplos habían comenzado.

Se hace divertido, a la par que cómodo, alojarse en un hotel flotante en las orillas de la gran urbe rusa. Pisamos poco el Zosima, ya tendremos tiempo más tarde de disfrutar de sus casi 130 metros de eslora. Ahora hemos de descubrir la antigua Leningrado.

Pernoctamos en nuestro barco, descansando del ajetreado vuelo del día anterior. Su comodidad fue una grata sorpresa.

Esta mañana divisamos el horizonte y se nos muestra imponente e impasible. Es la tierra y ciudad por excelencia de los zares. En San Petersburgo todo es colosal y monumental, parece que los tiempos soviéticos no consiguieron borrar todas las connotaciones y magia de la antigua Rusia Zarista.

Bañada por sus museos, con el Hermitage como protagonista, distinguimos la fortaleza y la catedral de San Pedro y San Pablo entre los canales por los que las zarinas disfrutaban de la grandeza y esplendor del Imperio Ruso. Decidimos imitarlas y conocer en barco esta ciudad.

El día llega a su ocaso y esta noche dormiremos en San Petersburgo, nuestro barco pernocta en su puerto, lo que significa que tenemos una oportunidad única para acudir al ballet ruso

Hacia Mandroga y Kizhi

Amanece lluvioso, mientras navegamos por el río Svir entre bosques de enormes coníferas. El paisaje es espectacular y se apodera de nosotros un sentimiento de escalofrío y admiración al “lucubrar” cómo serían estos territorios de exilio en la época zarista. Así, aparece sorprendente y camuflada la aldea de Verkhnie Mandrogui, Mandroga. Abandonada tras la Segunda Guerra Mundial, hasta que en 1996 se restauró como complejo turístico, recreando el pueblo artesanal de antaño.

Un paisaje frondoso y pantanoso nos rodea y vigilados por los lagos Onega y ládoga ponemos rumbo a Kizhi.

Estamos en el corazón del lago Onega y el tiempo no sé si se detiene o lleva tiempo detenido. Todo es sobrio y majestuoso en Kizhi, donde la Madera es la protagonista de cualquier construcción. No en vano el Museo Arquitectónico de la Madera ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad.

Esta isla solitaria, rodeada de la inmensidad del segundo lago más grande de Europa, tras el Ládoga, es un auténtico museo al aire libre. Una reliquia conjugada entre la mano del ser humano y la naturaleza. Su iglesia con sus cúpulas ortodoxas de madera son testigo de nuestra incredulidad ante tal agasajo de gratas sorpresas.

Rumbo Goritsy

Es hora de poner rumbo a Goritsy, de la que nos separan 365 kilómetros. Un tiempo que dedicaremos a aprovechar por fin las actividades que la tripulación del barco nos propone. Toca aprender un poco de ruso y parender algo más de la exotica comida de estos lares.

En perfecto castellano, la megafonía del Shashkov anuncia la llegada a Goritsy, que es el puerto de la ciudad de Kivilov, famosa por el Monasterio de San Cirilo: su prerrogativa e importancia en el pasado, siempre gozó de los privilegios de Moscú, todavía es palpable en su museo de atuendos de época. Un rancio abolengo que se hace latente en cada vestido, joya, manuscrito expuesto creándose una sensación en el ambiente que se palpa rápidamente: la grandeza y poder debió ser incommensurable. Testigo de todo ello es un conjunto arquitectónico convertido en monasterio, digno de una nación que siempre destaco, entre otras muchas cosas, por lo majestuoso.

Toca descansar hasta llegar a Yaroslavl. Para matar el tiempo decido pintar una matryoshka en una de las actividades que propone la tripulación. Ya sé porqué siempre suspendía plástica…

Yaroslavl, entrando al Volga

Surcando las aguas del río Kotorsi damos de bruces con el Volga, que custodia una de las ciudades más antiguas de Rusia: Yaroslavl. Sus Iglesias del Profeta Elías, de San Nicolás y del Nacimiento de Jesús resaltan la relevancia de esta ciudad durante siglos como testimonio de la riqueza de la ciudad y sus gentes.

Esta noche con mi “amigo” el Volga, que significa algo así como brillante y claro, he visto un cielo estrellado que me ha hecho trasnochar más de la cuenta…

Es temprano y Uglich nos espera. Una pequeña ciudad del Alto Volga. Su importancia radica en que pertenece al famoso “Anillo de Oro” de las ciudades medievales situadas alrededor de la omnipresente y todapoderosa Moscú. Su atmósfera, cual una tela de araña, empieza a asomar por estos lares. Sentímos la cercania de Moscú.

Moscú, cuidad de ciudades

Tras una semana recorriendo las entrañas de una de las zonas más convulsas geográfica, cultural y políticamente de un pasado no muy lejano de Rusia, nos encontramos con la ciudad de las ciudades, la ciudad rusa por antonomasia: Moscú.

Dos días en esta ciudad nos desvelan muchos de los mejores secretos guardados por Moscú. Pero sería injusto tratarla con breves pinceladas, y bien merece un reportaje amplio y extenso que dejaremos para más adelante.

Sólo deciros que su Plaza Roja, el Kremlin, el Parque Sorki, el Tearo Bolshoi o el Convento Novedichi son algunos de los lugares imprescindibles para cualquier visita que se precie a la ciudad. Un consejo: ¡ Disfrutad de su metro!

T&A Recomienda

Para realizar este tipo de cruceros fluviales, Politours es la mejor opción.

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