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La isla del Sur de Nueva Zelanda, Territorio Aventura

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Cruzar de Wellington a Picton con el ferry es algo extremadamente sencillo y muy común en estas tierras neozelandesas. Aquí nos encontramos con bastantes viajeros haciendo un recorrido muy parecido al nuestro, con quien intercambiamos aventuras e ideas para continuar el camino por este país tan lleno de actividades.

Por Melody Martínez Davidson

Picton, la primera parada de la isla del Sur, es una ciudad tranquila. Desde aquí se pueden hacer varias salidas en barco, siendo una de ellas la visita a Ship Cover, bahía a la que llegó el capitán Cook en 1770. Tranquilos paseos por la costa son también recomendables, ya que se extienden hasta casi 70 kilómetros desde Picton. Esta ciudad es la entrada a el estrecho de Marlborough, zona en la que antiguamente se refugiaban las comunidades maoríes en los momentos en que el tiempo no era clemente con ellos. En esta zona se pueden divisar delfines, hacer kayaking, bucear, rafting… cualquiera de las actividades que más te apetezcan en el momento de la visita.

Sol y Oro

Siguiendo la costa hacia el oeste nos encontramos con Nelson, la ciudad más soleada de Nueva Zelanda, con unos 100 días de sol al año. Lo más conocido de la zona es el Parque Nacional Abel Tasman, llamada así por el explorador llegado de Europa llamado Abel Tasman, en diciembre de 1642. Con sus 225 km2, es el parque nacional más pequeño del país pero muy conocido por sus playas de arena dorada.
Siguiendo nuestra ruta hacia el sur por la costa oeste paramos en Westport, donde los más aventureros hicieron rafting mientras que nosotras volvimos a probar la lancha con propulsión a chorro que tanto nos gustó en el río Waikato, en la isla del Norte. Otros compañeros hicieron “tubbing” por las cuevas, lo cual sonaba increíblemente divertido pero no nos dio tiempo a hacerlo todo desgraciadamente. Había que seguir el camino, parando en Greymouth donde en 1860 ocurrió la Fiebre del Oro al mismo estilo que en Estados Unidos. Al ser la única zona de este país con este preciado metal, fueron llegando los colonos en busca de sueños. Hay que decir, que las minas de carbón también florecían por la zona, el segundo mineral por el que venían los europeos a excavar. En esta ciudad se encuentra la mayor población de la costa oeste de la isla con 13.850 habitantes.


A 40 kilómetros de Greymouth se encuentra Hokitika que fue la verdadera capital de la fiebre del oro, siendo la ciudad más poblada en 1866 de todo el país. A día de hoy la población va disminuyendo, siendo actualmente 2.967 personas las que habitan el lugar.

Los Glaciares Neozelandeses

Estas ciudades portuarias nos dan paso a los glaciales, Franz Josef y Fox. Teníamos una ilusión enorme de llegar porque habíamos decidido apuntarnos a la subida al glacial en helicóptero. Teniendo en cuenta que estábamos en Nueva Zelanda durante su verano austral, es decir, tras la época de Navidad, la subida a un glaciar significaba un cambio radical de temperatura ¡y de ropa!, porque la ciudad de Franz Josef está sólo 5 kilómetros del mar pero también a 6 kilómetros del glaciar. Nos equipamos con unas botas de montaña y nos pusimos todas las capas de ropa que teníamos para empezar el ascenso.


En el Parque Nacional de Westland, donde se encuentra el Glaciar Franz Josef, nos montamos en un helicóptero el cual en 10 minutos ya nos dejaba en lo alto del glaciar. Junto con nuestro guía, nos pusimos los crampones en las botas y echamos a andar por el hielo del glaciar. Estuvimos paseándonos durante 2 horas, las cuales pasaron volando porque las vistas eran absolutamente espectaculares. ¡Y pensar que hacía nada estábamos 2.700 metros más abajo disfrutando del sol en la piscina con nuestro bikini puesto! Fue nuestra gran aventura porque no sólo nos encantó el vuelo en helicóptero (desde entonces me monto siempre que puedo cuando visito una nuevo destino, la última fue en las Islas Feroe) si no que nos encantó el paseo por los picos de nieve y hielo.

Paisajes Salvajes y ¡más Aventura!

Tras recuperarnos de la ilusión de subir al glaciar, seguimos camino hacia Makarora donde volvimos, una vez más, a hacer lancha con propulsión a chorro, una actividad tan típica aquí como coger el coche en España. Esa vez la lancha no era por diversión puramente si no para ver zonas de la región inalcanzables por tierra. Las vistas eran extraordinarias con la naturaleza rodeándonos por todos los ángulos posibles de la vista.
Si nos ha parecido poco toda la aventura que hemos descrito hasta ahora por todo nuestro recorrido, nos explican que la siguiente parada es la ciudad conocida por ser La Capital de la Aventura neozelandesa. Nosotras no nos lo podíamos creer, ¿más cosas todavía? Con la boca abierta y la imaginación encendida llegamos a Queenstown. Qué más nos podíamos encontrar en el camino?


Esta ciudad se encuentra al lado del Lago Wakatipu, rodeado por montañas donde en invierno se encuentran 3 resorts de ski donde también se hace heli-ski, no pudimos disfrutar de él por la temporada del año en la que estábamos. Eso sí, no hay de qué preocuparse porque entre el lago y las montañas hay suficientes actividades que encontrar en la zona, como pronto pudimos comprobar.
Lo primero que nos indicaron es que es en esta zona donde se creó el primer lugar para hacer puenting en 1988. Por supuesto, con el miedo que tengo a las alturas esta actividad junto con salto en paracaídas están fuera de mis posibilidades. Ineludiblemente, no faltan aquí las lanchas propulsadas por chorros de agua, ni los viajes en biplano o cualquier tipo de avioneta, ni la escalada ni tantas otras cosas que uno pueda imaginar o incluso inventarse. Es verdaderamente la ciudad de la adrenalina por excelencia.
Nosotras decidimos salir de la ciudad, dejando las aventuras atrás, para visitar el parque Nacional Fiordland, donde se encuentra el fiordo Milford Sound. Esta zona está declarada Patrimonio de la Humanidad y es el sitio más famoso para los turistas. Milford Sound está rodeado de rocas de hasta 1.200 metros y es una zona muy frecuentada por delfines, leones marinos y pingüinos que hacen la visita a este fiordo una obligación cuando se viene al sur de Nueva Zelanda. Las cascadas y la naturaleza tan pura y verde que predomina en esta zona, hace que sea una maravilla para los sentidos. Pensábamos que habíamos admirado las vistas más bonitas del mundo por toda la visita a este país con tanta naturaleza pero Milford Sound definitivamente nos hace darnos cuenta que nunca veremos la naturaleza más bonita del país porque todo es naturaleza en su belleza más pura.

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