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Metro de Moscú, Un Museo Bajo Tierra

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Legado soviético y orgullo nacional ruso. El metro de Moscú es toda una obra arquitectónica que por su opulencia no deja indiferente a nadie.

Por Ángel Carro

Cuando en Moscú comienza a caer el atardecer, en el extremo oriente de

Rusia está ya amaneciendo. Y es precisamente esto lo que diferencia a este

país de sus vecinos europeos: en el fondo, se trata de un verdadero

continente. Sus regiones más remotas se encuentran todavía más al este

que China, la isla de Sajalin prácticamente toca Japón, y sobre las placas de

hielo del estrecho de Bering, que separa Siberia de Alaska, cruza de vez en

cuando algún esquimal de uno al otro lado. Rusia posee plantaciones de

algodón en el Asia Central, petróleo en el Volga y el Daguestán, enormes

bosques de taiga… en definitiva, una sexta parte de la superficie de nuestro

planeta está ocupada por Rusia.

Un país de tales dimensiones tiene que tener una capital que muestre al

mundo exterior el poderío de la nación. Dice la tradición que Moscú, al igual

que Roma y Bizancio, fue edificada también sobre siete colinas, quizás las

colinas no sean apreciables, pero lo que sí puede verse desde cualquier

punto de la ciudad es alguna de las “Siete Velas o Siete Hermanas de

Stalin”, enormes rascacielos de estilo barroco-gótico ruso: entre ellas el

Ministerio de Asuntos Exteriores, los hoteles Ucrania y Leningrado y la

Universidad Lomonosov, emplazada en la colina Lenin desde donde se

puede observar toda la ciudad de Moscú.

Una de las cosas que más llama la atención a la llegada a Moscú es que, a

ras de suelo, el pavimento de la ciudad está ondulado. Incluso en la Plaza

Roja, que uno imagina plana resulta ser exageradamente convexa, lo que

produce una sensación de profundidad que ensancha sus ya considerables

dimensiones. La que en ruso se llama Krasnaja Ploscard (krasnaja significa

a la vez roja y bella, puesto que el rojo era considerado el color más bello),

la plaza donde se asoman los muros del Kremlin, los famosos almacenes

Gum, el Museo Histórico y la mágica catedral de San Basilio, es desde

siempre el corazón de la ciudad y de toda Rusia.

Atravesada por los amplios recodos del Moskova, antes de convertirse en

esa colmena de más de 10 millones de habitantes, antes de alojar el metro

más rápido y bello del mundo, antes de dejar espacio a exuberantes paseos

arbolados, la ciudad se limitaba únicamente al Kremlin, se solía afirmar que

“por encima de Moscú está el Kremlin; por encima del Kremlin está el cielo”,

con sus catedrales, palacios y plazas de armas.

El mundo bajo el asfalto

Y por debajo de esta magnífica e impresionante ciudad encontramos una de

las mayores maravillas excavadas en la tierra por el ser humano, si hay un

lugar de la capital moscovita que nadie debe perderse ese es sin duda

alguna su Metro, un verdadero museo bajo tierra. Excavado a una

profundidad suficiente como para servir de refugio de ataques nucleares,

con las paredes cubiertas por el mármol traído de los Urales y el Cáucaso,

no hay dos estaciones iguales, cada una tiene algún detalle que la convierte

en una maravilla para el visitante y un orgullo para el moscovita: las hay

que adornan sus paredes con elegantísimas esculturas de bronce

construidas en honor a todos aquellos que “ayudaron” durante su

construcción: agricultores, ganaderos, carpinteros, herreros e incluso

futbolistas venidos desde todas las Repúblicas Soviéticas colaboraron

durante el primer cuarto del pasado siglo XX en la construcción del que

podemos asegurar se trata del más espectacular metropolitano del mundo.

En otras estaciones los mosaicos son los que engalanan andenes y pasillos

con escenas cotidianas de la vida rusa, azulejos, coloridas vidrieras,

majestuosas lámparas colgadas de los techos y un sinfín de adornos con

exquisito gusto son algunos de los detalles que iremos descubriendo parada

tras parada.

Sus comienzos

No se trata de un metro muy antiguo, aunque la primera idea de construir

un ferrocarril subterráneo para Moscú se propuso en 1902, siendo

rechazada por un diario local calificándola de “insolente intromisión en todo

cuanto el pueblo ruso estima en la ciudad de Moscú”. Treinta años más

tarde, sin embargo, la mejora del transporte público era algo necesario

pues la población se había duplicado a causa de la rápida industrialización,

así que sobre dos jóvenes dirigentes comunistas: Nikita Jrushchov y Lazar

Kaganovich, recayó la labor de construir un metro que sirviera de

escaparate del socialismo.

Las obras de construcción del metro comenzaron en diciembre de 1931,

durante el primer plan quinquenal estalinista de 1928-33. El Partido

Comunista ordenó que todo el país construyera el metro y en consecuencia

vinieron obreros hombres y mujeres de toda la Unión Soviética. Con ellos

colaboró el Ejército Rojo y más de 15.000 miembros de la Joven Liga

Comunista, a éstos últimos se les recordó con estatuas en la estación de

Komsomolskaya.

El primer tramo de vía (11,6 Km), que unía Sokolniki con Park Kultury,

concluyó en febrero de 1935 y las primeras 13 estaciones se inauguraron en

mayo. Muchos de los que trabajaron en el proyecto fueron condecorados

con medallas, como la apreciada Orden de Lenin. Las obras prosiguieron

con celeridad y en 1939 ya había 22 estaciones en servicio y más de 1

millón de pasajeros diarios.

El gran legado Soviético

La decoración del Metro se encargó a algunos de los mejores artistas de la

Unión Soviética quienes obligados a ceñirse a los cánones del realismo

socialista abordaban asuntos como la Revolución, la defensa nacional y el

modo de vida soviético. En general las estaciones más antiguas son las más

logradas arquitectónicamente, como Mayakovskaya, ganadora del Gran

Premio de la Feria Mundial de Nueva York en 1938.

Pensada para inspirar confianza a la población, muchas estaciones

construidas entre los años cuarenta y cincuenta cantan las glorias del

régimen soviético. En Teatralnaya, los paneles de cerámica celebran las

artes de las antiguas repúblicas soviéticas; los mosaicos de Beloruskaya y

Kievskaya presentan agricultores festejando la prodigalidad de la tierra, a

pesar de la hambruna que trajo la colectivización impuesta por Stalin. En la

estación de Park Kultury los temas de los bajorrelieves tratan del deporte y

esparcimiento. Incluso las entradas a las estaciones son suntuosas, un

amigo al ver tantas columnas llegó a decirme si me había equivocado y en

vez de entrar en el Metro íbamos al teatro, algunas como la estación del

barrio Arbat tiene forma de estrella roja soviética.

Durante la segunda guerra mundial, gracias a la profundidad de las

primeras líneas del metro, la estación de Mayakovskaya se convirtió en

cuartel general de la defensa antiaérea y en su espacioso vestíbulo central,

Stalin se dirigió a los generales y miembros del partido la noche antes de

que el Ejército Rojo partiera hacia la victoria ante los alemanes que

rodeaban la ciudad. La red de metro se convirtió así en símbolo de la

resistencia antinazi y orgullo patrio del país.

La historia y las obras del Metro de Moscú se explican con todo detalle en el

museo instalado en vestíbulo principal de Sportivnaya, en las Colinas de los

Gorriones, donde se puede ver los primeros rótulos de señalización,

torniquetes, maquetas de trenes y ascensores e incluso el primer billete,

vendido en 1935.

T&A Recomienda

Dónde dormir

Moscú es posiblemente la ciudad más cara del mundo, el alojamiento es todo un problema ya que los hoteles del centro son todos de la misma categoría: LUJO , con precios prohibitivos, si se busca alojamiento económico hay que ir al extrarradio.

Savoy Moscow. Situado a 5 min caminando de la Plaza Roja, es quizás el que mejor relación calidad/precio/situación tiene dentro de Moscú. Excelente desayuno en un espectacular salón. Desde 240 €.

http://savoy-moscow.hotel-rn.com/?lbl=ggl

The Ritz-Carlton Moscow. El último hotel abierto en el centro. Desde su terraza, con un mojito en la mano, se contemplan las mejores vistas del Kremlin y la Plaza Roja. Desde 400 €.

http://www.ritzcarlton.com/en/Properties/Moscow/Default.htm

 

Dónde comer

En Moscú es posible comer cualquier tipo de comida (rusa, europea, caucásica,

india, japonesa…) durante las 24 hrs del día. Eso sí, casi todos los restaurantes

aceptables son caros.

 

Vogue Café .Local muy de moda en Moscú. Cocina japonesa, europea, asiática e italiana. Precios razonables para ser

Moscú.

http://www.worldsbestbars.com/russian-federation/moscow/vogue-cafe

 

Casa Central de Escritores . Techos altos y decoración de madera labrada con my buen gusto. Cocina rusa deliciosa, con excelente caviar. Imprescindible reservar. Más de 80 €

http://www.tripwolf.com/es/guide/show/291367/Rusia/Moscow/Dom-Literatow-ZDL-Haus-der-Schriftsteller

Cómo llegar

Iberia y Aeroflot cuentan con vuelos directos desde Madrid a los aeropuertos de

Domodedovo y Sheremetyevo respectivamente.

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