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Monasterio de El Escorial. El legado de Felipe II

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Concebido para conmemorar la victoria de San Quintín del 10 de agosto de 1557, día de San Lorenzo, sobre las tropas francesas, el monasterio de El Escorial es la obra más colosal realizada por Felipe II.

Por equipo traveltya

Allí murió nuestro monarca más controvertido, profundamente religioso y principal exponente de la célebre contrarreforma católica. Felipe II quería tener una gran obra y lo consiguió. No hubo reparos en gastos ni en buscar a los mejores arquitectos, a los mejores orfebres, pintores o escultores de Europa. Todo en El Escorial es grandioso: el exorbitante conjunto del monasterio, la magnitud y frialdad de sus fachadas y patios, la valiosa decoración de sus paredes interiores, con frescos de Lucas Jordán, Cambiaos;  los lienzos de Velásquez, Goya, Ribiera, Tiziano, El Bosco; los retratos de los monarcas pintados por Carreño Miranda, Sánchez Coello o Pantoja Cruz; su biblioteca, con más de 40.000 volúmenes, o el panteón de Reyes, donde reposan todos los monarcas españoles desde Carlos I a excepción de Felipe V, Fernando VI y Amadeo de Saboya. Todo en El Escorial es inusitado y majestuoso. Y todo es sereno.

Guadarrama al fondo

El paisaje de la carretera que nos conduce desde Madrid hasta San Lorenzo de El Escorial está salpicado por multitud de colonias residenciales y pequeñas ciudades dormitorio. Avanzado el camino, en los  apenas medio centenar de kilómetros que lo separan de Madrid, la vegetación se va haciendo más frondosa y el aire fresco denota que la polución va, poco a poco, desapareciendo. El paisaje expresa un cambio natural extremo, anuncia la proximidad a la sierra de Guadarrama. En ella surge este edificación colosal que permanece impasible con el paso del tiempo, como centinela de el devenir de los siglos.

Estilo herreriano

La construcción del monasterio comenzó en 1563. Las obras, que se prolongaron hasta 1584, fueron dirigidas en su primera etapa por el arquitecto Juan Bautista de Toledo al que sucedería, a su muerte, Juan Herrera. A Herrera se debe no sólo el conjunto arquitectónico sino también el interior y su decoración, y el espíritu del conjunto del monasterio. Tanto que a partir de esta su más grandiosa obra sería profusamente imitado, comenzando a hablarse ya para la posteridad de su estilo herreriano. 

El conjunto

El resultado final de Herrera es un enorme paralelogramo, de 207 metros por 161 metros de planta, con una torre en cada uno de sus cuatro ángulos, terminadas en forma de pirámide y rematadas con veleta de cruz de hierro. Sólo estas torres rompen la monotonía lineal de la fachada, recorrida por dos pequeñas molduras y los idénticos huecos de las ventanas. Toda la construcción es de piedra granítica excepto tejados, de pizarra y planchas de plomo.

De sus cuatro fachadas, dos son las que dan acceso al monasterio: la fachada principal, la de poniente, sirve de entrada al templo, al convento, a la biblioteca y al colegio, y la entrada norte lleva al antiguo palacio, a las habitaciones.

Las fachadas

Tres portadas componen la fachada principal. La central y más grande, de estilo dórico en su cuerpo bajo y jónico en el alto, se remata por un frontón bajo en el que se representan el escudo de Felipe II y la imagen de San Lorenzo, junto a dos parrillas invertidas, en recuerdo al martirio del santo. Si el camino lo hemos hecho desde Madrid,  lo primero que encontraremos del monasterio es su parte norte, con tres grandes puertas que sirven de entrada al antiguo palacio, al colegio de los padres agustinos y a las habitaciones reales. Una cuarta puerta más pequeña, en la torre de las Damas, era usada de forma habitual por el rey Felipe II.

Patio de los Reyes

Nada más entrar al monasterio por la fachada principal encontraremos el patio de los reyes o antesala de la eternidad, que debe su nombre a las seis estatuas de los reyes de Judea, realizadas por el escultor Juan Bautista Monegro en granito y piedra. Este patio de reyes conduce directamente al atrio de la iglesia, en el que se puede admirar su famosa bóveda completamente plana, de tan difícil concepción, teniendo en cuenta su construcción en piedra y el hecho de que sobre ella descanse el peso del coro alto.

Basílica

Al templo se accede por tres grande arcos del coro de los seminaristas, que dan a otras tantas puertas cerradas por verjas de bronce. El interior es de tres naves y forma cruz griega, construido igualmente en piedra berroqueña, con el coro en lo alto y una gran cúpula de 92 metros.

Capilla Mayor

Es en esta capilla donde más puede sobreponernos la admiración de toda la grandiosidad que los creadores del monasterio quisieron darle al conjunto. Su retablo mayor, de 26 metros de alto por 14 metros de ancho, es un diseño de Juan Herrera, con 15 esculturas de bronce obra de Leoni, padre e hijo, y mármoles de Juan Bautista Comane y Pedro Castello. También de Juan de Herrera es el tratado del Tabernáculo, con un precioso sagrario realizado por el orfebre Trezzo entre 1579 y 1586. A los lados del altar, sendos oratorios formados por grupos escultóricos en bronce con representaciones de monarcas españoles en actitud de oración y otras figuras reales. El coro ocupa un amplio espacio con 124 escaños. Destaca la silla prioral adornada con un lienzo, el nazareno de San Sebastián,y una imagen de San Lorenzo.

Los palacios

El palacio de los Austrias es de gran sobriedad, más destacada en las habitaciones que acogieron a Felipe II en sus últimos años; en él sobresalen los salones de Embajadores y del Trono. De estilo barroco, por el contrario, el palacio de los Borbones, con mobiliario y decoración suntuosa propia de los años de reinado de esta dinastía. 

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