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Parque Nacional Kursiu Nerija. Un paraje único

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Cuando en primavera y otoño las tormentas arrecian, el mar Báltico golpea con fuerza las playas y la marea arrastra hasta la orilla miles de trozos de ámbar… ¡Bienvenidos al Sáhara europeo!

Por Muñoz Espinel

 Si el tiempo es bueno y apacible, las olas bañan con suavidad los 90 kilómetros de arenales que van desde Kaliningrado al puerto de Klaipeda, una barrera de arena, dunas y pinos que separa el mar de la laguna de Curonian, formada por la desembocadura del río Nemunas. Nombres todos ellos desconocidos para los españoles. Tierras tan alejadas de nuestro firmamento que incluso los clásicos circuitos turísticos a los Países Bálticos suelen obviar cualquier visita a la costa lituana. Toda una lástima teniendo en cuenta que es uno de los paisajes más sorprendentes y hermosos de Europa.

 

Por Curonian

A la península de Nerija, una lengua de arena con maravillosas playas, añejos bosques de pinos y pequeñas poblaciones de pescadores se la conoce como el Sáhara europeo. Un sobrenombre que recibe por las dunas que el mar ha ido formando durante milenios.

Secularmente la zona ha sido llamada Curonian. En época soviética, se le rebautizó Nerija, el nombre con el que, según la mitología báltica, se conocía a la muchacha gigante que creó la península. Mitos al margen, la franja de Nerija se formó hace cinco mil años, y hasta el siglo XIII estuvo prácticamente deshabitada; por entonces los caballeros de la Orden Teutónica ocuparon la zona que permaneció bajo el poder de Prusia, hasta que, como consecuencia de los repartos territoriales derivados de la Primera Guerra Mundial, la parte norte fue incorporada a Lituania, en 1923.

 

Su acceso

Un pequeño estrecho separa Nerija de la tierra firme lituana. Es la única salida al mar de la laguna de Curonian. A Nerija sólo se puede acceder por ferry. Desde Klaipeda, en cinco minutos se atraviesa el estrecho canal que conecta el lago con el Báltico. El puerto de Klaipeda es la puerta al exuberante parque nacional, a las bellezas naturales del enorme arenal. Poco después de abandonar el ferry, se encuentra la entrada al parque. Después, la carretera transcurre llana: a ratos en zigzag, otros atravesada por sendas para excursionistas, siempre entre árboles, con hermosas y largas playas al fondo, y el sonido inequívoco del mar al golpear las playas del báltico o el agua de la laguna besando con suavidad la costa. Huele a ozono en Nerinja y, en ocasiones, los vientos soplan con violencia y esculpen los árboles hasta darles caprichosas formas.

Tras 20 kilómetros de camino casi en solitario, aparece el encantador rincón de Juodkranté, que junto con Nida, Preila y Pervalka forman el distrito administrativo único de Nerija. Son cuatro pequeños poblaciones que suman el 1,5 por ciento de la vida urbana de la península, cubierta en un 70 por ciento por opulentos y exuberantes bosques de pinos, mientras las dunas ocupan un cuarto de este territorio considerado uno de los más bellos de Europa. Entre los cuatro núcleos suman menos de 3.000 habitantes. Son diminutas poblaciones de hermosas casas de madera pintadas de verde, roja, azul, que se extienden a lo largo la costa de la laguna entre árboles, jardines y embarcaderos. Todo es sencillo, austero, cuidado, en perfecta armonía con el espectacular entorno natural.

El sueño del ámbar

A lo largo de los siglos estos núcleos urbanos han sufrido los vaivenes de los arenales y sus habitantes se han visto obligados a cambiar su ubicación en varias ocasiones. Pero los cambios más importantes se produjeron a mediados del siglo XIX, fue entonces cuando se descubrió el valor del ámbar y se tuvo la certeza de que los mayores depósitos de esta resina fósil se hallaban en las costas del Báltico y, más concretamente, en la península de Curonian. Se establecieron varias empresas que, como si de arqueólogos se tratara, escarbaron la tierra y extrajeron en 30 años más de 2.500 toneladas de muestras de ámbar. Pasada la fiebre extractora, apareció el turismo, que, a excepción de los años de las dos guerras mundiales, se iba a convertir en la forma de vida de los tranquilos habitantes de Neringa.

Paseando por Nida

Desde Juodkrané sale una pista costera para bicis. El carril corre paralelo al mar y atraviesa frondosas masas boscosas y tras pasar por Pervalka y Preila, llega hasta Nida, el principal núcleo urbano y el mayor establecimiento turístico, un tranquilo centro de vacaciones, justo al lado de la frontera con Rusia. También a Nida llegó la fiebre turística, y a principios del siglo XX varios miembros del movimiento expresionista la adoptaron como colonia veraniega.

En los alrededores de Nida están las dos gigantescas dunas que la arena ha ido formando durante siglos. La llamada Vecekrugo, que mide 67 metros, y la Pernidis, que alcanza una altura de 52 metros. Su visión, a distancia, resulta un espectáculo sorprendente y único. Desde el borde del mar, la arena crece y crece hasta conformar una montaña dorada, hasta crear una sensación de irrealidad. Máxime cuando su expansión llega casi a la misma frontera de Kaliningrado. Una auténtica frontera cerrada a cal y canto. Las autoridades rusas no dan facilidades para poder conocer la otra parte de Nerija. Quizá tanto oscurantismo ha llevado a que crezcan las leyendas sobre las posibles instalaciones militares en la hermosa y singular península.

Este tesoro natural es de naturaleza frágil. Está hecho de millones de granos de arena en constante movimiento. Las dunas se deslizan poco a poco hacía la laguna o el mar y existe el temor a que puedan desaparecer en dos siglos. Para evitar lo que sería una catástrofe ecológica se creó el parque nacional. Las maravillosas playas, los añejos bosques de pinos y las extraordinarias vistas sobre las dunas y la propia laguna forman una fuente de recursos turísticos excepcional. Las autoridades locales, con la ayuda de las autoridades comunitarias y la universidad de Klaipeda, están haciendo esfuerzos y diseñando un modelo de desarrollo turístico sostenible. Intentan compatibilizar la forma tradicional de explotación de los recursos naturales como pesca, caza y agricultura con el desarrollo del ecoturismo.

Nerija, uno de los más hermosos, sorprendentes, singulares y excepcionales paisajes europeos, demanda protección para su pervivencia.

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