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Rafting, Pasión por el agua

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El rafting es el deporte de aventura más popular de nuestro país. Cada año son miles las personas que disfrutan de su práctica en busca de diversión a bordo de un bote neumático por un río de montaña. Según la opinión de los guías de este deporte, su éxito radica en su espectacularidad, en el alto nivel participativo y en la posibilidad de acceder al mundo de las aguas bravas sin una experiencia previa.

Por Muñoz Espinel

Es una actividad apta para todo el mundo en la que no son necesarios unos conocimientos técnicos del río ni una preparación física especial. La labor más difícil recae en el monitor, quien se encarga de dirigir el ‘raft’ y garantiza la seguridad de los navegantes a lo largo de todo el recorrido.

El rafting consiste en el descenso de aguas bravas en balsas neumáticas que navegan arrastradas por la corriente mientras sus tripulantes intentan controlar la dirección ayudándose de remos. Estas embarcaciones singulares miden entre tres y cinco metros y, según los modelos, permiten viajar entre 4 y 14 personas. Los participantes se sitúan en los laterales de la barca con los pies hacia el interior fijados en ‘footstrap’ o poniéndolos debajo de los tubos hinchables transversales que poseen los ‘rafts’.

Normalmente es el monitor quien dirige la balsa desde atrás con un remo más largo que le sirve de timón. Su obligación es conocer el río como la palma de su mano, y sobre todo saber interpretarlo para apreciar los rápidos antes de meterse en ellos. Los tripulantes sólo tienen que seguir sus órdenes para evitar posibles vuelcos. En torno a la embarcación existe una ‘línea de vida’ o cuerda que sirve para agarrarse a ella si alguno de los ocupantes se cae al agua. Al mismo tiempo, resulta una buena ayuda para subir de nuevo a la barca.

A bordo de estos botes se descubre un paisaje excepcional que sólo puede avistarse desde el cauce del río. Pero el rafting no permite la mera contemplación de la naturaleza, ya que la tensión durante el descenso va en aumento al tener que luchar con la corriente y con los continuos obstáculos que van surgiendo durante la travesía fluvial.

De marzo a octubre

En España, la temporada de rafting comienza en el mes de marzo, coincidiendo con el deshielo, y se prolonga hasta octubre. Cuanto mayor sea el caudal, más intensa será la experiencia, ya que la velocidad es un elemento indispensable para garantizar las emociones fuertes. Los mejores ríos son aquellos con tramos de diferentes niveles y sin saltos de agua demasiado pronunciados.

Un río ‘raftero’ por excelencia es el Noguera Pallaresa, en Lérida. Este cauce fluvial tiene la ventaja de que discurre paralelo a la carretera del Valle de Arán, por lo que se puede hacer un seguimiento desde el exterior de la corriente, aumentando las condiciones de seguridad. Sin embargo, es en el Pirineo Central donde se concentra el mayor número de ríos con suficiente caudal como para garantizar la práctica del rafting. Así, en Huesca destacan el Gállego, el Ésera, el Ara o el Cinca, aunque las posibilidades se extienden a otras provincias como es el caso de Galicia, Burgos, Ávila o León.

Su historia

Como la mayoría de los deportes de aventura, el rafting tuvo sus orígenes en Estados Unidos hace más de 30 años, y más concretamente en el Cañón del Colorado. Las primitivas embarcaciones se asemejaban a las piraguas, pero pronto se utilizaron los botes neumáticos que usaba el ejército estadounidense, ya que ofrecían mayor autonomía y estabilidad. Esta práctica se trasladó enseguida a Europa, y entró en España hace más de 20 años.

Desde entonces, el éxito ha sido imparable y han aflorado múltiples empresas dedicadas a esta actividad. En contra de lo que se pueda pensar, no es un deporte de riesgo, o por lo menos es una actividad de riesgo controlado. Al igual que en otras disciplinas, existe un código de referencia para graduar la dificultad o peligrosidad de un descenso. Aunque para quienes no han tenido contacto con las aguas bravas es aconsejable que comiencen en un grado III.

CLASIFICACIÓN INTERNACIONAL DE DIFICULTAD DE LOS RÁPIDOS EN RÍOS

De acuerdo al grado de dificultad del  tramo del río en donde se va a hacer el rafting, los mismos se clasifican en categorías que se detallan a continuación:

CLASE I: Fácil – Principiantes. Corriente lenta. Olas pequeñas, fáciles de guiar. Sin obstáculos en su cauce.

CLASE II: Novicios. Rápidos suaves y algo de oleaje, apto para toda la familia. Corrientes más rápidas, canales amplios, maniobras ocasionales, olas irregulares.

CLASE III: Intermedios. Oleaje pronunciado a veces con rompiente no envolvente e hidráulicos pequeños. Se necesita coordinación en las maniobras en el rápido. Rocas en el cauce con pasajes angostos. También es apto para la familia, pero con más precaución. Para mayores de siete años.

CLASE IV: Avanzados. Desniveles marcados con oleaje fuerte y constante. Presencia de hidráulicos con retención, pasajes difíciles los que requiere siempre una lectura previa aunque el rápido se conozca (por variación en los niveles de agua o presencia de árboles ramas en el rápido). Es para mayores de 16 años, con precauciones.

CLASE V: Experto. Rápidos muy largos donde la lectura de las rutas se hace difícil. Oleaje con fuerte retención en la cima de la ola. Hidráulicos fuertes y cerrados. Dificultad para llegar a la costa. Peligrosa situación para un nadador por la dificultad en el rescate. Se requiere excelente dominio de todos los elementos del rafting, seguridad y rescate. Apto sólo para los más experimentados.

CLASE VI: Extremo. Un grado más que Clase V. Rápidos de extrema dificultad donde los errores dan poca posibilidad de rescate. En el límite de los criterios de navegabilidad.

EQUIPAMIENTO

Estas son algunas de las cosas que se necesitan para hacer rafting:

  • Balsa o raft: las balsas de rafting son balsas hinchables preparadas especialmente para navegar en ríos de grandes corrientes. Su tamaño es de 3,5 y 5,5 metros aproximadamente, y en la mayoría de las ocasiones, disponen de un suelo que expulsa el agua. De esta manera, la balsa no coge un exceso de peso y no es necesario estar sacando el agua.
  • Remos: hay unos remos parecidos al paddle para utilizarlos en la balsa (uno por cada tripulante), y dos remos largos. Estos últimos, conocidos como “oar” los utilizan los guías.
  • Chaleco: es imprescindible utilizar el chaleco. Se debe atar al cuerpo de una manera segura y cómoda para poder desatarlo rápidamente. Debe tener un sistema de apertura fácil ya que los que se atan con nudos y correas no son fiables. La tela debe ser resistente.
  • Casco: siempre se debe utilizar el casco. Y es que, sea cual sea la dificultad del río, el casco cumple la función de proteger la cabeza de las rocas que están en el fondo.
  • Calzado: debido a razones de seguridad, es necesario que los tripulantes y el guía suban a la balsa con calzado. Pueden ser zapatillas, sandalias de río y botas de poca altura de neopreno.
  • Ropa: los trajes de neopreno son los mejores, ya que protegen del frío. Si no se utilizan trajes de este tipo es necesario llevar ropa seca para cambiarse, ya que casi resulta imposible no mojarse.
  • Complementos: es conveniente que todas la balsas cuenten con remos de repuesto, cuerda para el rescate, kit de arreglo e inflador. Así mismo, también es conveniente aplicarse una crema que nos proteja del sol.

 

 

 

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