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Zanzíbar, el Idílio del Trópico

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Foto: Camilla Frederiksen

Zanzíbar evoca imágenes exóticas de dhows, embarcaciones de velas latinas perfilándose contra el cielo del amanecer; residencias árabes recubiertas de cal blanca rodeando un mar celeste; y altas palmeras inclinándose con la cálida brisa tropical, impregnada del aroma del clavo y el frangipani. 

Por Muñoz Espinel

Lo cierto es que, en este caso, la realidad se asemeja bastante a la imaginación y Zanzíbar tiene una merecida reputación de lugar idílico bajo los trópicos. Cuán sorprendente resulta comprobar la ajetreada historia de esta isla, que poco tiene que ver con la tranquilidad.

Conocida como Isla de la Especia por su industria del clavo, esta extensión de tierra, con forma de pinza de cangrejo de 37 km de longitud, siempre ha ejercido una poderosa fascinación e influencia sobre la zona continental de Tanzania.

Viajeros, comerciantes, invasores y colonos de todo el mundo han llegado a Zanzíbar a lo largo de los siglos. Sumerios, asirios, egipcios, fenicios, indios, chinos, malayos, persas, portugueses, árabes, alemanes y británicos desembarcaron en esta hermosa isla de playas blancas, dejando cada uno su propio legado.

Cómo llegar

Hay vuelos regulares desde Dar es Salaam, Mombasa y Nairobi. Por mar, la Corporación de Barcos de Zanzíbar (Zanzibar Shipping Corporation) opera con el MV Mapinduzi, que transporta pasajeros y mercancías hasta la isla. Realiza el trayecto dos veces por semana y el viaje dura de cuatro a cinco horas (aunque los trámites de aduana e inmigración pueden llevar otras dos horas).

Los dhows también son un medio muy utilizado para atravesar el canal. Salen cuando están llenos y la combinación de viento y marea es buena. La travesía puede ser dura y, en un dhow sin motor, lleva bastante más de seis horas. Se pueden hacer reservas con antelación en la oficina de embarcación localizada en el Embarcadero de Malindi, en Dar es Salaam, o en Zanzíbar. La hora de salida es aproximada, aunque es mejor llegar con tiempo por si acaso.

Foto: Majkl Velner

Cuándo ir

Zanzíbar disfruta de un típico clima ecuatorial. Desde diciembre a marzo el tiempo es cálido y relativamente seco. El período más fresco y seco, que va de junio a octubre, también es agradable, con 25ºC de temperatura media. La peor época tiene lugar durante las dos estaciones lluviosas: una larga, de marzo a mayo, y otra corta, en noviembre. El promedio de humedad es del 78%.

Tierra de exploradores

La ciudad de Zanzíbar fue el punto de partida de la mayoría de las grandes expediciones hacia el interior del continente. Burton, Speke, Grant, Livingstone, Stanley y Kirk vinieron todos aquí para reunir provisiones y alquilar porteadores y guías para llevarlos con ellos a lo largo de las rutas de caravanas. De modo que qué mejor lugar para comenzar a explorar la isla que la Casa de Livingstone.

Foto: Majkl Velner

A la casa se llega por Malawi Road, 300 metros antes del Puente Gulioni. Fue aquí, entre enero y marzo de 1866, donde Livingstone reunió sus pertenencias antes de iniciar su último viaje.

Desde allí hay que dirigirse en dirección norte a pie (el mejor modo de explorar las calles estrechas y tortuosas), dejando el océano a mano derecha. A poca distancia se pasará por el lujoso Hotel Bwawani que da a la Cala Funguni.

Desde el Hotel, en dirección oeste, siguiendo el borde del agua, se encuentra el Puerto Dhow, un bullicioso centro de actividad marinera. Aquí se puede ver sacos de clavo siendo cargados en los barcos y dhows llegados con los vientos alisios desde la India. El puerto es también el lugar donde alquilar un paseo a las islas de mar adentro o, para los más aventureros, un viaje en un barco de vela latina durante todo el camino de regreso a la parte continental de Tanzania.

Desde el puerto se continúa en dirección suroeste a lo largo de Mizingani Road, pasando por la Universidad de Dar es Salaam, el Instituto de Ciencias de la Marina y la oficina de Aduanas, hasta llegar a Beit el Ajaib, también conocido como Casa Encantada. 

La Casa Encantada

Está situada detrás de los Jardines Jamituri, punto de reunión preferido para dar un paseo nocturno y para recorrer el mercado nocturno de comida que hace la boca agua. El palacio fue construido en 1883 por el Sultán Barghash. El edificio de cuatro plantas (el más alto de Zanzíbar) tiene esbeltos pilares, amplios balcones adornados con grecas, y escaleras y suelos de mármol importados de Europa. Las puertas, sin embargo, son totalmente islámicas, cubiertas con intrincadas tallas y portando inscripciones del Corán.

A pesar de los cañones que guardan la escalera principal, el edificio fue dañado en 1896, cuando los británicos lo bombardearon para mostrar su preferencia por el sucesor de Barghash al trono.

Cerca de ésta, atravesando Sokokuu Street, está la Fortaleza Árabe. Después de que los árabes de Omán saquearan Zanzíbar en 1652 y capturasen Mombasa en 1698, los portugueses fueron despedidos y obligados a marchar de nuevo a Europa. Los victoriosos rápidamente se trasladaron a Zanzíbar para consolidar su nueva posición de poder. En Zanzíbar demolieron la iglesia portuguesa y construyeron en su lugar una sólida fortaleza: la Fortaleza Árabe.

Rodeada por elevados muros de piedra color naranja, la fortaleza fue utilizada más tarde como prisión, cuartel y, finalmente, como taller de reparación del Ferrocarril Bububu, que duró poco tiempo.

Ciudad de piedra

Considerado por muchos el corazón de Zanzíbar, la Ciudad de Piedra es la única ciudad histórica viva de África Oriental, igual hoy que hace 200 años. Una ciudad dentro de la ciudad, la Ciudad de Piedra es la sección más antigua de Zanzíbar, formada por tortuosas calles y casas de piedra únicas.

El área fue en un principio una pequeña isla separada del continente por una cala que fue rellenada pasando a convertirse en la carretera de la cala: Creek Road. El Capitán James Frederic Elton, el primer Vice-cónsul británico en Zanzíbar, escribió lo siguiente acerca de la zona en 1879: «Un ambiente arquitectónico de arcos árabes, puertas y dinteles de madera tallados, torres circulares, estrechas celosías, ventanas, huecos y elevadas terrazas, levantadas sobre calles tortuosas con repentinos giros, fuentes en inesperados rincones; todo ello junto con la miseria, la suciedad y los funestos olores a medida que se entra en el corazón de la ciudad».

Las residencias árabes que constituyen la espina dorsal de la Ciudad de Piedra forma parte de la cultura de la isla, al igual que los dhows que navegan en las aguas locales. Se dice que los propietarios árabes solían competir unos con otros en la extravagancia de sus residencias. Hay incluso una casa, según dice la leyenda local, donde se mezcló arena y otros materiales con claras de huevo. Lástima de las gallinas, pues los muros son normalmente bastante gruesos. 

No obstante, lo más sobresaliente de estas magníficas casas de piedra es la puerta principal. Realizadas en madera de teca y sujetas con clavos de latón, cada puerta, junto con el marco y el dintel, está laboriosamente tallada. Tradicionalmente, cuando se construía una casa, lo primero que se levantaba era la puerta, y las citas del Corán y tallas representativas que la cubrían se suponía que ejercían una influencia benigna sobre el resto de la morada. Hay más de 560 puertas talladas en Zanzíbar. Su importancia histórica y cultural está siendo ahora valorada, por lo que muchas de ellas han sido restauradas.

Para empaparse de la atmósfera de este barrio histórico, basta con vagar por las calles estrechas que en otro tiempo sonaban con el ruido de los negreros voceando las virtudes de su mercancía. Hoy, estas mismas callejuelas están llenas de bazares, mujeres envueltas en buibuis, tiendas, sastres trabajando con máquinas a pedal, niños jugando, joyeros, carpinteros, pasteleros, buhoneros y mercachifles vendiendo curiosidades, hombres de edad y vendedores de café hablando por los codos mientras sirven las tazas y el líquido energético. No hay que olvidar las hermosas mezquitas, como la Mezquita de Aga Khan, que surgen repentinamente a la vuelta de cualquier esquina.

Justo detrás del mercado de la ciudad, en el corazón de la Ciudad de Piedra, a lo largo de Hamamni Street, se encuentran los Baños de Hamamni, construidos por Hadj Gulamhussen. Estos baños públicos (que fueron cerrados en 1951) fueron encargados por el Sultán Barghash, que reinó entre 1870 y 1888. Una abertura con una placa encima indica la entrada a los baños. La angosta entrada da paso a un espacioso laberinto de habitaciones con suelos de mármol: vestuarios, salas de masaje, áreas para refrescarse y, por supuesto, los propios baños, realizados en piedra y cubiertos con escayola. Se puede acordar una visita preguntando en la tienda situada a la izquierda de los baños. El precio de la entrada es una donación para el proyecto de restauración que actualmente se está llevando a cabo.

Cuando las claustrofóbicas calles de la Ciudad de Piedra comienzan a cerrarse, sigue en dirección a la puesta de sol, hacia el punto más occidental de la ciudad (y de la isla). Allí, a lo largo de Shangani Street, al sur del Edificio de Asuntos Exteriores, se encuentra el Hotel Africa House, el antiguo Club Británico. Con olor a madera de cedro y teca, los suelos de mármol y el humo de los cigarros, el hotel todavía anuncia «Ladie´s Powder Room» (Tocador para las Damas), y «Gentlemen´s Cloak Room» (Guardarropa de Caballeros). Este es el mejor lugar para observar la puesta de sol antes de cenar, pero ten cuidado… ¡la mesa de billar está bajo una capa permanente de polvo!.

Mientras que todo discurre de forma pacífica e idílica en el porche del África House, a sólo un edificio se encuentra el recuerdo de los días más oscuros: la casa del famoso negrero Tippu-Tip (Hamed bin Muhammed bin Juma bin Rajad el Murjebi). De descendencia árabe, pero de tatarabuela africana, sus tratos con los esclavos y el marfil hicieron de él una figura poderosa en África Central y Oriental.

A escasos 150 metros al sur de esta casa, donde hoy se levanta la Escuela Tumekuja, se encontraba una cantera de esclavos, donde hombres como Tippu-Tip hicieron su fortuna provocando una indecible miseria en el camino.

Continuando hacia el sur a lo largo de Kaunda Road, se pasa por delante de los Jardines del Pueblo, a la izquierda, y de la Casa de la Nación, a la derecha. En Creek Road, hay que girar a la izquierda para llegar al Museo Nacional, una visita obligada en cualquier itinerario de Zanzíbar.

T&A Recomienda

Dónde dormir

Mashariki Palace Hotel. Ubicado en la ciudad de piedra. Una fusión cultural y arquitectónica que se hace eco de la orgullosa historia de Persia, influencias árabes, indias, coloniales y africanas. Todo exotismo y misticismo.

http://www.masharikipalacehotel.com/

Zanzi Resort. Es el mejor hotel boutique ecológico en Zanzíbar. Este es un lugar ideal para los amantes del buceo,  y también para aquellos que sólo desean bañarse en aguas cristalinas y relajarse. Paraíso en estado puro.

http://www.zanziresort.com/

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