Agarrados a la Naturaleza, Descenso de Cañones

Agarrados a la Naturaleza, Descenso de Cañones

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Esta actividad se realiza en los nacimientos de los ríos, y es una mezcla de escalada, natación, saltos, toboganes, senderismo… Hoy toca internamos en paisajes impenetrables y comenzar el descenso, caminando cuidadosamente hasta que llegamos a una cascada, entonces hay que instalar el sistema de cuerdas y rapelar, inmersos en una lluvia de agua hasta llegar abajo. ¡Adelante!

Por Muñoz Espinel

Seguiremos caminando, rapelando, y de vez en cuando nos deslizaremos por algún tobogán, desde el cual nos dejaremos caer en alguna gran poza. Otras veces habrá que saltar desde algunos metros de altura para pegarse un buen chapuzón. Recorreremos lugares inaccesibles y de gran belleza. Descenderemos barrancos combinando técnicas de montañismo y espeleología con paseos por el agua y algo de aguas vivas cuando el nivel de agua es alto. ¡Bajar un cañón es sentir la Naturaleza!

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¿Qué es el barranquismo?

Esta práctica se inscribe dentro de la espeleología, si bien su realización precisa el desarrollo de todo tipo de técnicas. El descenso de cañones, barrancos, o también llamado canyoning, es una mezcla de ascensión alpina, espeleología, senderismo, rapel, natación y otras actividades físicas como el salto o el deslizamiento por toboganes naturales; por lo que es necesario utilizar técnicas de varios deportes. El descenso consiste en bajar por un curso de agua en área montañosa por caminos inaccesibles y de gran belleza, descender por las paredes de cañones y barrancos, pasar por estrechos desfiladeros o atravesar cascadas.

Esta actividad se puede desarrollar andando, corriendo, nadando o sumergiéndose bajo las aguas, y habrá que salvar varios obstáculos saltando pozas, rapelar por rocas resbaladizas, dar saltos de más de 10 metros, superar cascadas, pozos, tramos subterráneos, etc.

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En los últimos años esta disciplina ha tenido un avance espectacular, acentuándose su práctica en los meses de abril a septiembre. Los Pirineos son uno de los escenarios más demandados por los aficionados a este deporte en la Península Ibérica.

Un poco de Historia

El descenso de cañones es una actividad con historia. Existen referencias de que los franceses ya se dedicaban al descenso de sus cañones a principios del siglo XX. Fueron ellos quienes descubrieron las posibilidades de la Sierra de Guara (Huesca) y ayudaron a que el barranquismo se convirtiese en uno de los deportes de aventura con más adeptos. Indudablemente, los pioneros de esta actividad fueron los espeleólogos, que utilizaban los cañones para sus entrenamientos, aunque con el tiempo se fueron adaptando técnicas más relacionadas con el alpinismo. Fue durante la década de 1970 cuando se desarrolló propiamente la técnica del descenso de cañones. En 1980 los fabricantes de equipos de escalada vieron el futuro de este deporte y empezaron la fabricación de material específico. Actualmente todavía no existe ningún reglamento de competición. El descenso de barrancos o cañones es una de las actividades que se practican cada vez más en la zona alta de la montaña. Consiste, como su nombre indica, en descender a lo largo de los tajos naturales que hay en la montaña, producidos, casi siempre, por la erosión del agua. Este deporte de aventura exige un buen conocimiento de técnicas especiales de descenso como el rápel en cascadas de agua y también un buen conocimiento del comportamiento dinámico del agua. Andar, nadar, saltar o sumergirse bajo las aguas de los sifones completan esta actividad tan variada. Las actividades de barranquismo requieren de un guía que ayude a colocar bien los anclajes y las cuerdas para hacer el deslizamiento por verdaderas paredes. Los monitores serán los encargados de una correcta utilización del material.

Técnica necesaria

La técnica empleada en cañones proviene de la escalada, la espeleología y las aguas bravas. Caminar será la forma de progresión que más utilizaremos. Hay que andar con cuidado, pues las rocas son muy resbaladizas y no siempre veremos dónde ponemos los pies. El descenso se realiza caminando hasta encontrar un desnivel de altura considerable que exija el uso de alguna de las técnicas especiales de progresión: rápel, salto o tobogán. Para rapelar en seco se coloca una cuerda en doble, sujeta a un anclaje y pasada por la mitad. Nunca debe pasar se directamente por los anclajes, a menos que tengan anillas. Se lanzan los dos extremos de la cuerda hacia abajo y se desciende por ella. Esta técnica requiere el uso de un arnés de cintura y un descendedor. El más utilizado es el ocho, una pieza de aluminio con forma de ocho por donde pasa la cuerda y que mediante el rozamiento que produce al descender, ralentiza la bajada. Los rápeles mojados (con cascada de agua) requieren técnicas especiales, pues es muy fácil tener un percance bajo el chorro de agua, con peligro de ahogarse.

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Si la recepción es, por ejemplo, una poza de agua suficientemente profunda, se puede saltar. Debe hacerse de pie, nunca de cabeza, encogiendo un poco las piernas en el momento del impacto, para luego nadar si es posible. Es aconsejable vigilar con la mochila en los saltos de más de 3 o 4 m, pues podría golpear la cabeza. Si las paredes están muy juntas, se puede hacer una transición u oposición, una forma de destrepe para zonas estrechas que consiste en descender apoyando las manos y la espalda en una pared y los pies en la otra. Puede ser que nos encontremos con lo que se denomina caos, una aglomeración de rocas de diferentes tamaños, causada por desprendimientos y por la que circula el agua. Es un paso delicado que no debemos iniciar sin cerciorarnos de que tiene salida (puede haber bloques que estén sifonados).

Las posturas

A veces encontraremos toboganes naturales pulidos por los que deslizarse. Son uno de los atractivos de los descensos, y para realizarlos hay que tomar las mismas precauciones que en los saltos. La postura a adoptar será de pies por delante, mirando hacia fuera, con los brazos pegados al pecho y encordándose cuando la inclinación de la pendiente lo requiera. Los cañones quedan equipados como las vías de escalada, con chapas, cadenas, etc., por lo que el deportista cargará con su material personal. Nunca estará de más llevar material de instalación para equipar algunos tramos inexistentes o deteriorados.

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Material necesario

El equipo varía en relación con el tipo de descenso, así como la época del año en que se practique. En general consta de:

Neopreno: Prenda de protección que reduce el frío en el agua y que deberá contar con protecciones en rodillas y codos además de capucha. Nos ayudará a permanecer con una temperatura corporal mayor y a encontrarnos más a gusto dentro del agua.

Mochila de cañones: Mochila de plástico o “Rip stop”, con materiales muy resistentes a la abrasión y, sobre todo, que al mojarse no absorben el agua como una esponja aumentando considerablemente el peso. Además, llevan unos agujeros en su base para desalojar el agua de dentro.

Cuerdas: Herramienta clave. Deberá estar en buen estado, y siempre comprobaremos que tiene la longitud suficiente para realizar todos los rápeles (recuerda que es imprescindible llevar una guía detallada). Fíjate después de terminar el rápel que no tiene ningún nudo. Si así fuera se engancharía en la “chapa” de seguro al tratar de recuperarla y no se podrá continuar el descenso.

Botas o zapatillas: Estas tendrán que tener una suela flexible y deben pesar poco. Hay que elegir entre la seguridad que te da al caminar una bota de trekking que te protege el tobillo, o la comodidad en el agua de una zapatilla deportiva.

Casco: Puede parecer un poco molesto pero es imprescindible. Hay que ajustarlo bien para evitar tirones al entrar en el agua en los saltos.

Materiales de progresión. Mosquetones de seguridad.

Descendedor: Permite regular nuestra velocidad durante el descenso. El tipo ocho es el más recomendado.

Cinta o cabo de anclaje: Instalada siempre en el anclaje del arnés, permiten al usuario asegurarse antes de rapelar y superar los pasamanos.

Bloqueadores de ascensión: Son de gran utilidad si se debe ascender por alguna cuerda. Martillo: Uno por equipo por si nos encontramos con la necesidad de colocar una nueva instalación.

Espitador: Junto con el martillo nos permitirá perforar la roca para colocar las chapas o plaquetas que nos permitan instalar las cuerdas para, por ejemplo, rapelar o montar una reunión.

¿Se requiere alguna condición física especial?

Es necesario encontrarse en un estado físico proporcional al esfuerzo que debamos realizar, siendo esencial el aprendizaje de las técnicas concretas que vayamos a desarrollar: rápel, buceo, etc. La exigencia física suele ser importante, así que es conveniente medir nuestras fuerzas antes de emprender la aventura.

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Consejos

Es casi imprescindible contar con la ayuda de un guía experimentado que conozca el terreno a la perfección. Es conveniente escoger el material más ligero y polivalente, pensando siempre el escenario donde se va a realizar y la dificultad del descenso. Después debemos equiparnos correctamente. El calzado debe sujetar bien los tobillos y adherirse perfecta mente a la roca mojada.

Facilita el descenso realizar un pequeño croquis con los datos más relevantes: altura, desnivel, etc. Para hacer barranquismo es necesario conocer el recorrido del río y dominar las técnicas que se van a utilizar. La colaboración de todos los integrantes del grupo se convierte en un elemento fundamental para llevar a buen puerto el descenso. En los tramos donde es necesario nadar podemos servirnos de la mochila a modo de flotador.

Los conocimientos meteorológicos son también fundamentales, pues un barranco puede cambiar repentinamente en caso de tormenta y convertir nuestra diversión en una trampa mortal. Por seguridad es mejor ir en grupo y comunicar a alguien nuestro itinerario y tiempo estimado de duración.

Las reglas de oro

Seguridad. El equipo que llevemos debe estar en perfecto estado. Saber nadar y bucear. Por supuesto hay que saber nadar y estar preparado para bucear durante unos segundos para salvar un obstáculo (lo que se llaman caos rocosos) que presente el río.

Guía imprescindible. Nunca deberás practicar esta actividad sin estar acompañado por un guía o amigo experimentado.

Precaución al saltar. No debéis realizar saltos sin haber comprobado previamente la profundidad de la poza a la que queremos saltar. Uno de vosotros deberá bajar con cuerda y comprobar que efectivamente hay profundidad suficiente para saltar.

Cuerdas largas. Aseguraos de llevar una cuerda con una longitud suficiente que nos permita poder realizar todos los rápeles. Nunca soltéis la cuerda en una poza puesto que se hundirá y no podremos continuar. No hacer la actividad si se avecina mal tiempo.- Nunca realicéis esta actividad si se avecina mal tiempo o tormentas puesto que puede aumentar el caudal del río y poner en peligro nuestras vidas.

Pro­hibido meterse dentro de las cascadas o torrentes, ya que éstas generan remolinos y podemos quedar atrapados.

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¿Qué nivel de riesgo tiene?

Es muy variable, dependiendo de la di­ficultad de la zona donde se desarrolle.

El nivel de dificultad de un barranco vie­ne dado por el número y longitud de los rápeles, la fuerza del agua y la duración. Antes de meternos hay que estar muy do­cumentado (consigue el mapa más com­pleto posible con los rápeles y los saltos detallados). Los barrancos no siempre tie­nen escapatorias a mitad de su recorrido. Y no vale cualquier río para hacer caño­nes. Se necesita un mínimo de seguridad.

¿Cuánto me cuesta?

Por unos 25 euros podemos disfrutar de un día fantástico en la montaña. Esta activi­dad se puede hacer por libre, pero requiere tener unos conocimientos esenciales, con lo que si no estáis suficientemente preparados os recomendamos que contratéis un guía que costará aproximadamente 25 euros por persona y día. Ellos te darán el equipo (neopreno, arnés de seguridad, casco, mos­quetones) y, sobre todo, la seguridad de que en los saltos el guía se tira antes que tú.

Impacto para el cañón

En principio, parece que si se tiene cui­dado de no ir arrojando restos al agua, no se aprecian efectos nocivos a nivel físico-quí­mico, ni bacteriológico. Sin embargo, el ín­dice biológico se ve afectado por el paso de los deportistas, cuando no tenemos en cuen­ta una sencilla regla de precaución: no andar por el fondo de las zonas más arenosas. En ellas se esconden las larvas acuáticas de los insectos que forman parte imprescindible de la cadena alimenticia del ecosistema del río; se nutren de vegetales y materia orgáni­ca y son, a su vez, alimento de los peces.

Si destruimos este eslabón de la cade­na, haremos lo mismo con el ecosistema completo. Así que la regla es muy sencilla además de cómoda: no caminar por las zo­nas arenosas o con grava. Cuando haya su­ficiente profundidad, nadaremos o nos de­jaremos llevar por la corriente.

¡Venga, a disfrutar del río!

 

 

 

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