Al Este de Canadá, dominios Atlánticos Atlánticos

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Al Este de Canadá, dominios Atlánticos

Es un país que desafía la fácil o elemental descripción. Donde sus contrastes son hermosos, ofreciendo variedad, misterio y un desafío para todos los que lo habitan y visitan.

Galería de fotos de “Al Este de Canadá, dominios Atlánticos” al final del reportaje. ¡No te las pierdas!

Por Ángel Carro

Canadá es un país con las dimensiones de un continente. De este a oeste tiene una longitud de cerca de seis mil kilómetros: desde las aldeas de pescadores sobre las escarpadas costas atlánticas de Nueva Escocia, famosas por sus langostas, hasta Vancouver, la ciudad más amada, ya junto al océano Pacífico. En línea recta, la distancia entre la frontera con Estados Unidos, desde Montana, y los glaciares en torno al círculo polar ártico es de casi dos mil kilómetros.

El Este

A lo largo del río San Lorenzo, nació y se desarrolló la historia canadiense. En esa franja de territorio los colonos franceses comerciaban con los indios y también fue ahí donde los ingleses afirmaron su hegemonía en el siglo XVIII.

Ontario

La segunda provincia más grande de Canadá se extiende desde la región ártica de la bahía Hudson al norte, hasta las costas verdes y temperadas de los Grandes Lagos al sur. La provincia comprende lagos de aguas resplandecientes, extensiones de densos bosques, idílicas playas, suaves colinas cubiertas de viñedos, cañones escondidos y tierras de cultivo aparentemente desiertas. Además, alberga la mayor ciudad del país, Toronto, y su capital, Otawa. Si a todo ello se añaden las espectaculares cataratas del Niágara, se podrá tener una idea de la asombrosa diversidad que ofrece Ontario.

La navegabilidad de los Grandes Lagos consolidó Ontario como centro de transportes, suministros y servicios del país y, desde entonces, ha pugnado con el Quebec francófono por el dominio económico y político de este vasto territorio.

Toronto

Entre los cuatro millones de habitantes de Toronto conviven más de ochenta colectivos de nacionalidades diferentes, y en sus calles se hablan más de cien idiomas.

El paseo por la orilla de lago Ontario, el centro financiero y los barrios chino, italiano y caribeño son el recorrido indispensable para entender Toronto (punto de encuentro, en la lengua de los indios mohawk).

Toronto creció de espaldas al lago Ontario hasta que, hace pocas décadas, las nuevas teorías urbanísticas aconsejaron el derribo de fábricas y almacenes. Entonces prosperó un paseo marítimo cuyos pilares son la CN Tower y el Sky Dome. Con 533 metros de altura, la CN Tower es la torre de comunicaciones más elevada del mundo, bajo la cual encontramos el Sky Dome, el primer estadio construido con cúpula retráctil.

Las cataratas del Niágara

Situadas en el límite entre Ontario y el estado de Nueva York, las cataratas del Niágara (aguas tronantes las llamaron los indios) atraen a más de 13 millones de visitantes cada año, convirtiéndose en el mayor destino turístico de Canadá. Hay cientos de cataratas más altas en el mundo, pero en cuanto a caudal, espectacularidad, belleza y facilidad de acceso son insuperables.

El salto canadiense, en forma de herradura, justifica la leyenda de los indios neuter: la serpiente maligna cayó al río de esa forma, derrotada gracias a la ayuda de la “sirena de la niebla” (Maid of the Mist), nombre que adquieren las embarcaciones que acercan a los visitantes hasta la parte inferior de las cataratas, en un paseo ruidoso, húmedo y emocionante.

A poca distancia de las cataratas encontramos una pequeña población, Niagara On The Lake, fundada en un lugar que hasta entonces había ocupado una aldea indígena por hombres fieles a la Corona británica que abandonaron el estado de Nueva York.

Las Mil Islas

Siguiendo el majestuoso río San Lorenzo llegamos a Kingston, donde gracias a los numerosos cruceros turísticos podremos recorrer la región de las “Mil Islas”, aunque realmente son más de 1.800. Para poder ser considerada isla debe de reunir dos requisitos: estar rodeada de agua 365 días al año y tener al menos dos árboles vivos.

Las “mil islas” están adornadas con muchas mansiones veraniegas, algunas con apariencia de castillo, monumentos al estilo de vida despilfarrador de los ricos magnates que hicieron popular la zona a finales del s. XIX.

Ottawa

Los refinados habitantes de Toronto y de las otras grandes ciudades canadienses ironizaron mucho sobre el humilde nacimiento de Ottawa cuando en 1850 se preguntó a la reina Victoria cuál debía ser la capital del país y ésta respondió: Bytown, que inmediatamente asumió el nombre de Ottawa (una tribu india del lugar), ya que estaba “por encima de las partes” y en mejor posición respecto a la frontera entre las comunidades de lengua francesa e inglesa.

Hoy en día, después de mucho tiempo, la capital de la nación está empezando a ser apreciada. Con una desarrollada industria de alta tecnología, una creciente población multicultural, un par de universidades, una pujante vida nocturna, es una ciudad que encara el futuro llena de optimismo.

Domina el panorama el majestuoso edificio del Parlamento en “Parliament Hill”. Es el elemento más impresionante de la ciudad, con su Torre de la Paz, reloj y techumbre de cobre a ambos lados de la torre. Durante los meses de verano la Real Policía Montada de Canadá, con sus tradicionales uniformes, agrega otro toque de orgullo patrio al panorama.

Otro punto imprescindible es el “Museo de las Civilizaciones Canadienses”, dedicado principalmente a la historia de Canadá. Se ubica en un sorprendente y gran edificio construido sin ninguna arista, a la orilla del río y con una maravillosa vista de la colina del Parlamento.

Quebec

Puede sorprender la cantidad de francés que se oye, pero es que Quebec está a tiro de piedra y, además, a casi todos los funcionarios federales se les exige ser bilingües.

Quebec es la provincia más grande y oriental de Canadá, la “más cercana” a Europa por tanto: antes de pasar a manos de los ingleses, fue colonizada por los franceses, cuya presencia en la zona se remontaba al s. XVII.

De las numerosas tribus indias que vivían en este inmenso territorio, hoy no quedan prácticamente más que unas pocas y su presencia está reducida a algunas tristes reservas. Ha permanecido intacta, en cambio, una naturaleza extraordinaria, presidida por los bosques y la tundra subártica. “Je me souviens” (me acuerdo) es el lema de Quebec. Esta frase está inscrita en todas partes: matrículas de los coches, letreros de los comercios… El orgullo de su origen francés y una perenne búsqueda de las propias raíces impulsan a los canadienses de Quebec a visitar a menudo el Viejo Continente.

Quebec es la cuna y la gran protectora de la cultura francesa en Norteamérica. El centro histórico de la ciudad es un museo viviente, y cada calle una página más en el libro de la lucha de la población francesa de Canadá por sobrevivir en la Norteamérica británica.

Antiguo centro de intercambio comercial, la Ciudad de Quebec posee un irresistible encanto francés que puede verse en sus numerosos cafés y terrazas y en el atractivo barrio histórico “Petit-Champlain” con su incesante actividad, como en tiempos de Nueva Francia.

Por encima de todas las edificaciones impresiona por su elegancia, dimensiones y suntuosidad el “Chateau Frontenac”, un castillo mítico construido en 1893. Convertido en hotel de lujo, su estratégica ubicación le permite dominar la ciudad y el río, convirtiéndole en una atracción de primer orden para los paseantes dentro de las murallas de la ciudad, únicas en Norteamérica.

Declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1985, en la ciudad alta pocos turistas resisten la tentación de subir a una calesa tirada por caballos para recorrer sus empedradas calles. Otros preferirán pasear a lo largo de los muros, visitar el parque de la Artillería, o asomarse a la terraza Dufferin y admirar la belleza del paisaje: el río San Lorenzo y su importante puerto, destino de grandes cruceros transatlánticos, por toda la ciudad podremos admirar impresionantes murales que decoran las paredes de muchos edificios.

Montreal

Fundada en 1642, fascinante isla-ciudad, antiguamente capital mundial del comercio de pieles, es en la actualidad una próspera metrópoli situada al pie del Mont-Royal. Segunda ciudad francohablante del mundo (detrás de París), está considerada como uno de los mejores lugares del mundo para vivir.

Ciudad cosmopolita y alegre, donde es posible deleitarse en sus bonitos y exquisitos restaurantes donde triunfa la gastronomía francesa, donde el estilo y la simpatía de su gente y de sus calles son el reflejo de dos culturas que han sabido mezclarse de forma natural y crear una sociedad armoniosa y cómoda para todos sus habitantes.

El “Viejo Montreal” es un barrio especialmente encantador. Muchos de sus edificios de los siglos XVII, XVIII y XIX han sido convertidos en apartamentos de moda, modernas tiendas y sedes de empresas, pintorescos restaurantes y museos. En este barrio podemos admirar algunas joyas arquitectónicas que recuerdan el rico patrimonio religioso de la ciudad, como la Basílica de Notre-Dame.

Junto al “Viejo Puerto”, uno de los lugares preferidos por los locales y visitantes, los inmensos rascacielos del centro de la ciudad manifiestan su importancia como centro internacional de negocios y de moda. Y, bajo estas torres, se extiende una singular ciudad subterránea compuesta por una red de más de 30 km de tiendas, restaurantes, cines, hoteles, bancos, universidades, estaciones de tren, metro y autobuses.

Recomienda

Dónde dormir

The Place de Armes Hotel & Suites. Está ubicado en una de las mejores zonas de Montreal, en el Barrio Antiguo de la ciudad. Rodeado de magnífica arquitectura, galerías de arte, cafés, boutiques y algunos de los mejores restaurantes de la ciudad. Una buena elección.

The Hazelton Hotel. Está situado en el elegante vecindario de Yorkville, en Toronto, junto a las mejores tiendas de diseño, como Gucci, Hermes, Louis Vuitton, Chanel y Prada. Se encuentra a pocos pasos del Museo Real de Ontario, el Museo Gardiner, el Museo Bata Shoe y las principales galerías de arte del país.

Dónde comer

Murray Street Restaurant. Ubicado en Ottawa, este restaurante apuesta por la comida de fusión pero entrelazándola con eventos sociales. Punto de encuentro de la farándula canadiense y luegar elegido por celebrities para desgustar los manjares culinarios. Algo caro pero merece la pena.

L de Astral. Un restaurante giratorio en la azotea del Hotel Loews Le Concorde, a más de 182 metros sobre el nivel del mar. Su experimentado equipo culinario ofrece una exquisita cocina regional. Ofrece una excursión memorable de la ciudad en 90 minutos, con espectaculares vistas de las atracciones de Quebec. Toda una experiencia.

Cómo llegar

Air Canada e Air Transat tienen vuelos directos desde España a varias ciudades del Este de Canadá.

Para más información visita

www.bonjourquebec.com

canada.travel

 

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