Crucero por el Nilo. A través del Gran Nilo

Crucero por el Nilo. A través del Gran Nilo

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Siempre es él, el omnipresente Nilo. Testigo incuestionable de civilizaciones y culturas, que se mantiene impasible, con sus ojos clavados en el ser humano, en sus propósitos y despropósitos, en sus desventuras y andanzas. 

Por O.S.M

El Nilo es piadoso, pero en ocasiones cruel y déspota, demostrándonos quién mantiene el equilibrio natural allí donde deposita sus aguas. Pero siempre muestra orgulloso lo que el ser humano ha creado con su ayuda. Se siente poderoso y a nosotros nos ofrece su benevolencia. Es, entonces, cuando la obra de la humanidad adquiere un notable esplendor y el río nos invita a contemplarlo. Es el momento de sentirnos atraídos por su cauce, contemplar su belleza y surcar sus aguas.

Por tierras egipcias

Son muchas las centurias que este coloso ha visitado por estas tierras egipcias, siendo en tiempos faraónicos cuando el legado de la simbiosis de la vida entre el hombre y el río otorga a estas tierras estos tesoros arquitectónicos y culturales que ahora tenemos el privilegio de contemplar.

La presa de Aswan

El comienzo de nuestros periplos, si queremos realizar este tipo de cruceros por el río Nilo, por esta zona del Alto Egipto comienza en Aswan, “la madre de todas las presas”.

Construida en los años 60 para paliar las sequías por el presidente Nasser, es punto de partida, o final de la misma, según se comience, de todos los cruceros que se realizar por el mítico río africano.

De la ciudad de Aswan cabe destacar su obelisco inacabado y, sobre todo, sus bellos poblados nubios a las orillas del Nilo mientras se disfruta de un exótico paseo en las famosas falucas, embarcaciones utilizadas desde tiempos ancestrales por los nubios para recorrer las orillas del río y realizar sus transacciones comerciales internas entre los diferentes castros nubios, cuyas distancias eran poco aconsejables de realizar sino era por este medio.

Komombo , Esna y Edfu

Tras quedar abrumados en nuestro punto de partida con todo lo visitado e intuyendo el legado histórico de Egipto y su patrimonio cultural, ponemos rumbo al templo de Komombo. Se llega por la tarde, con el crepúsculo asomando a orillas del Nilo, creando un ambiente místico, de ritual, tal y como quiso el dios Sobek que sintiéramos. Y es que el dios con forma de cocodrilo tenía claro donde estaba el santuario de estos reptiles con los que se relaciona…

Reconstruido por los ptolomeos, su aspecto fascina a todo el que lo visita. Es el gran vigilante del gran río.

Nuestro viaje continúa hacia Edfu, conocida en copto como Etbó. En el ambiente se palpa ese espíritu comerciante de antaño. Cimentada  como origen de las caravanas que partían hacia el oasis de Jarga, al oeste, a las minas del desierto oriental y a la costa del Mar Rojo, al este, Edfu tuvo una destaca importancia en el Alto Egipto, llegando a ser incluso capital de éste con Nomo II.

En esta población sus gentes de carácter hospitalario presumen como pocas de su herencia gloriosa del mundo faraónico, mostrando al viaje el templo de Horus. Este templo ptolemaico dedicado al dios halcón Horus, es el mejor conservado de Egipto y fue llamado Mesen, “El lugar del arpón”, “La Casa de Ra”. Sus espectaculares dimensiones,  130 metros de longitud por más de 70 de ancho y 36 de altura,  demuestran la importancia que antaño tuvo el templo y nos fascina e impresiona por su carácter ciclópeo.

Todavía con las sensaciones transpuestas por lo que el mundo faraónico nos legó, ponemos rumbo a Esna, a unos 50 kilómetros de Luxor.

Esta ciudad es famosa por su esclusa, paso obligado para salvar un desnivel de unos diez metros del Nilo, siendo parada obligatoria para todos los cruceros que navegan por el río. Hoy en día esta ciudad conserva un aspecto sobrio y austero donde parece que el tiempo se detuvo siglos atrás, y ahí encontramos sus genes, su lado más autentico que nos hace saborear lo más profundo de Egipto y sus gentes.

Luxor

Antaño fue la más próspera y rica ciudad del Imperio Egipcio, hoy es el punto de partida o punto final de los cruceros por el Nilo. Conserva infinidad de “tesoros” arquitectónicos de tiempos gloriosos, principalmente el templo de Karnak, en honor al omnipresente Ramsés II, el templo de Luxor, en pleno corazón de la ciudad, y los Colosos de Menon, también como tributo al más famoso faraón egipcio. Estas míticas figuras hoy en día mantienen su original fisionomía, lo que denota lo majestuoso de esta obra que, aún no quedando ningún templo o resto arquitectónico más allá de los colosos, nos impresiona por su grandeza.

No podemos despedirnos de Luxor y nuestras visitas por el Nilo sin acercarnos al Valle de los Reyes y al Valle de las Reinas. En el primero, se encontró la tumba de Tutankamon, que sin ser un faraón de renombre y de vital importancia en la historia faraónica, destaca por encima del resto por el hallazgo de su cámara funeraria intacta. Hoy en día es posible visitarla, pero si lo que realmente quiere contemplarse son sus reliquias fúnebres y el sarcófago de este faraón, es imprescindible acudir el Museo Nacional de El Cairo.

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