En las aguas de Alaska

En las aguas de Alaska

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Cuenta la leyenda que los lugareños tienen un pacto de convivencia con la sabia naturaleza. Sólo ellos y no ningún otro ser humano tiene la posibilidad de asentarse en estas inhóspitas tierras

Por Óscar San Martín Molina

Leyendas o no, el cierto hermetismo que rodea a Alaska se ha convertido en una especie de Santo Grial para aquellos que acuden a la “llamada de lo salvaje”, donde la aventura, aún hoy en nuestros días, encuentra su mayor exponente, su máxima expresión. Y es que estamos en la Tierra de los Sueños

Alaska conserva intactos sus paisajes, su extrema belleza, su clima hostil y sus entrañas inhóspitas que han inculcado en la raza humana un sentimiento divino de poseerla. Un cometido que por razones racionales, o no, no ha llegado nunca a realizarse. Ahí radica su encanto.

Al acercarse por estas latitudes en el siglo XXI, se sigue saboreando ese olor a prístino, a salvaje, que invita a explorar lo que buenamente nos deja el clima y la naturaleza de estas remotas tierras.

El Serenade of the Seas

Existen muchas formas de comenzar aventuras en Alaska, y una de ellas es enrolarnos en un crucero por sus gélidas y fascinantes aguas. Una forma distinta de saborear la magia de Alaska y, a su vez, disfrutar de la elegancia, comodidad y diversión de un crucero. Una opción más que interesante cuando se dispone de poco tiempo para recorrer un pedacito de Alaska. Y es que, nada es incompatible en esta vida.

A bordo del Serenade of the Seas ponemos rumo hacia los territorios salvajes de las leyendas de los más admirables antepasados de estas tierras, con la intención de aprovechar al máximo todo lo que un crucero nos puede ofrecer y que significa una extensión más de las aventuras por Alaska.

En nuestros primeros de navegación aprovechamos para disfrutar de todo lo que el Serenade nos obsequia, que no es poco. Tenemos tiempo para todo, incluso para practicar algo de deporte y mantenernos en forma en la piscina climatizada del barco y en el gimnasio. Hemos de eliminar las calorías de los manjares del barco…

Tras dos días en nuestra embarcación, conociendo desde nuestro camarote como se las gasta el tiempo por estos lares, llegamos a nuestra primera escala. Estamos deseosos por saber cómo y qué es Alaska, porque por mucha información y fotos de las que dispongas la realidad siempre supera la ficción.

Icy Strait Point

Hace frío y el cielo está encapotado. Pensábamos que el sol iba a estar de nuestra parte pero no fue así. Creo que en ese mismo momento se lo agradecimos, porque el misticismo de la niebla con las tonalidades del paisaje provocaba esa estampa perfecta que nuestras retinas tenían sobre Alaska. Un auténtico magnetismo entre esas tierras y nosotros.

Este pequeño lugar de pesadores, conocido como Icy Strait Point y que antaño era una histórica fábrica de conservas, posee una poderosa conexión con el mar. Los lugareños comparten el mar con las ballenas jorobadas, las orcas, las marsopas, las focas, las nutrias marinas y las cinco especies de salmón del Pacífico.

Fundada a principios del siglo XX, concretamente en 1912, esta fábrica de conservas supo mantener sus raíces por su proximidad al Parque Nacional del Glaciar Bay y al pueblo de Hoonah, cuna de los indios Tlinglit. Éstos han preservado una genuina estampa que muestran orgullosos en sus ceremonias y ritos, en sus cantos y bailes, en el museo que los Tlinglit han construido sobre las ruinas de unos depósitos de la fábrica.

Glaciar Hubbard

Con la esperanza de poder pasar más tiempo con los nativos Tlinglit en un próximo viaje, volvemos al Serenade para acomodarnos y tomar algo caliente, que ha sido un día gélido. Aunque sólo de clima porque las sensaciones han sido muy especiales.

Pasa otro día entre desfiladeros y fiordos del paisaje interior de Alaska. Las cumbres con sus nieves perpetuas nos dan la bienvenida en todo momento, el lugar invita a tantas cosas…

Amanece y el capitán nos informa que nos acercamos al Glaciar Hubbard. Su aspecto es imponente, no en vano es el mayor glaciar de América del Norte.

Se trata de un glaciar en expansión y no en retroceso como la mayoría de los glaciares. Su engrosamiento, en donde radica su belleza divina, avanza hacia el agua a una velocidad endiablada, y es muy posible que en el futuro engulla parte de la bahía de Yakutat.

Desde su nacimiento en el Yukon, el Hubbard ha ido fagocitando fiordos, adoptando ese inverosímil y colosal aspecto. Los Tlinglit lo conocen con el nombre de Trueno Blanco.

Skagway

Posiblemente hayamos pasado lo “más salvaje” de nuestro crucero por Alaska pero no podíamos irnos sin conocer la famosa ciudad de Skagway. Adquirió su fama a finales del siglo XIX, durante los tiempos de “La Fiebre del Oro”. Llegó a tener más de 20.000 pobladores. La civilización pareció llegar cuando comenzó la construcción del ferrocarril del White Pass y la Ruta del Yukon.

Actualmente, el turismo representa el principal sustento financiero de la población. En el centro de la ciudad hay fachadas que conservan el esplendor de la época dorada, manteniendo hasta nuestros días estos recuerdos de aventuras y desventuras de la tierra prometida.

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Para más información sobre cruceros por Alaska:

www.royalcaribbean.es

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