La espeleología, Las entrañas de la Tierra

La espeleología, Las entrañas de la Tierra

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Los primeros humanos que se adentraron en el oscuro mundo del subsuelo no eran espeleólogos, porque no buscaban conocer el medio en el que entraban, sino sencillamente, refugio, abrigo y protección.

Entrar en una cueva, por tanto, no nos convierte en espeleólogos. Ni siquiera cuando en el siglo XVI Leonardo Da Vinci se asomó a un par de cuevas en Lombardía experimentando ‘miedo y deseo; miedo por la atenazante y oscura espelunca; deseo por ver si allí dentro hubiese alguna milagrosa cosa’…

Texto J.M. Varas

Fotos GEODA

La espeleología es, para la mayoría de los no iniciados, un mundo oscuro con personas que se arrastran por pasajes estrechos, claustrofóbicos y llenos de fango donde, dicen, a veces tienes que vaciar el aire de los pulmones para poder pasar

Cuando uno hace un curso de espeleología descubre otros aspectos más reales y a menudo inesperados. Por ejemplo, que no solamente hay cuevas, sino también simas con pozos que requieren una técnica específica con cuerdas para progresar por ellas. Otros aspectos recaen más en la esencia de la espeleología, que es el aspecto científico y de investigación de las diferentes materias que convergen en la exploración y estudio del mundo subterráneo: geología, biología, climatología, paleontología, medicina y otras.

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Después de un curso, aproximadamente un 25% de los iniciados continua con la práctica de la espeleología durante una temporada, pero de éstos solamente unos pocos participan habitualmente en las exploraciones. La fascinación que atrapa definitivamente estas personas acostumbra a suceder, por ejemplo, durante el intento de superar un punto por donde nunca nadie antes había pasado, y con la incógnita de “¿qué habrá en el otro lado?” Son los momentos clave de la exploración. Esto puede parecer como de película de Indiana Jones, pero sucede a menudo cerca de donde vivimos y no necesariamente a muchos metros de profundidad ni en lugares de difícil acceso. Otro aspecto muy atractivo para los principiantes es el amplio abanico de investigaciones que se llevan a término. Todo compensa sobradamente las horas de oscuridad y humedad y las estrecheces que, muy a menudo, se encuentran bajo tierra.

LA EXPLORACIÓN

Pero, ¿cuál es el camino para llegar a explorar una cavidad? En primer lugar está la elección de la zona a explorar. Ésta se hace teniendo en cuenta la recogida de información existente y un primer reconocimiento, ya sea con una expedición ligera a pie o bien mediante helicóptero o avioneta. Esta última opción se utiliza en lugares con dificultad de acceso, especialmente en zonas tropicales.

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Las exploraciones pueden comenzar en fines de semana si la zona está cerca de casa, pero a partir de cierta profundidad o en lugares lejanos resulta imposible. En un momento u otro se tiene que instalar un campamento base exterior, en una zona con agua y cercana al lugar de interés. De esta forma se puede aumentar bastante el rendimiento de las exploraciones. Una campaña de gran alcance y con capacidad de explorar muchos metros por día puede movilizar a una cincuentena de personas y toneladas de material que hay que transportar con el helicóptero, si es posible, hasta el campamento. En cualquier zona el primer trabajo es hacer la prospección, es decir, la búsqueda de cavidades, su situación sobre el mapa con la ayuda de un GPS y su catalogación. Y posteriormente la exploración y la topografía de las cavidades.

Una persona puede llegar a encontrar y situar más de 25 cavidades inexploradas en una jornada de prospección por una zona ya visitada anteriormente. Por este motivo no se acostumbran a topografiar todas, sino solamente cuando ultrapasan determinada profundidad o recorrido o bien tienen un interés especial, como puede ser paleontológico o biológico. A medida que se ganan metros en una cavidad, las cuerdas instaladas pueden permanecer meses y años bajo tierra, por este motivo se revisan y limpian periódicamente y al final de cada temporada se recogen en la cabecera de cada pozo, en un lugar seguro, lejos de la caída de piedras y agua.

Es habitual que la exploración de una cavidad se alargue decenas de años: el Sistema Arañonera (Sierra de Tendeñera, Pirineos) se empezó a explorar en 1972, y todavía ahora se encuentran nuevas cavidades que enlazan con el sistema y lo hacen crecer en profundidad (1.349 m) y recorrido (más de 42 km). Las galerías de la cueva más larga del mundo, la Mammoth Cave (Kentucky, USA), totalizan más de 590 km de recorrido, pero en 1882 ya se habían explorado más de 44. En cuanto a las horas bajo tierra, es habitual, sin campamento subterráneo, llegar a jornadas de exploración de 15 a 20 h, y no son extrañas (aunque nada recomendables) las jornadas de 20 a 30 h. Es entonces cuando se plantea la posibilidad de instalar campamentos subterráneos. Estos campamentos pueden ser muy variados, desde las clásicas tiendas de campaña hasta las caseras y al mismo tiempo sofisticadas hamacas calefactoras que se calientan con un par de velas y permiten dormir sin saco.

espechuloPLANIFICACIÓN

En una expedición numerosa la utilización de campamentos subterráneos requiere una planificación precisa de quien entra en la cavidad, qué día y hora llegará y saldrá del campamento y cuando saldrá de la cavidad. Los campamentos son, habitualmente, instalaciones limitadas con espacio para un sólo equipo (2-3 personas) y es vital, por tanto, que el relevo de equipos se realice de forma fluida y sin que coincidan dos equipos en un campamento. En función de las características de la cavidad y del estilo de exploración (ligero o pesante) las permanencias bajo tierra pueden variar bastante. Desde, por ejemplo, 3-4 días con dos campamentos ligeros a 700 y 1.300 m de profundidad en Torca del Cerro (Picos de Europa) para realizar una sola jornada de exploración en el fondo de la cavidad más profunda de España (-1.589 m); hasta las dos semanas de permanencia en Krúbera-Voronya (Cáucaso, República de Abkhazia), para poder realizar ataques repetidos al final conocido de la cavidad más profunda del mundo, situado actualmente a los -2.160 m de profundidad. En este caso se han instalado 4 grandes campamentos subterráneos e hilo telefónico, pero en esta ocasión existe un equipo de decenas de personas que se dedican al mantenimiento y provisionamiento de las instalaciones y campamentos de la cavidad.

SIFONES

Muy a menudo se agotan las posibilidades de exploración de una cavidad o zona y se abandonan después de unos años de trabajo. Con el paso del tiempo la evolución de la técnica y unos nuevos ojos pueden hacer que el interés por una cavidad vuelva a despertar. Siempre queda en el recuerdo algún rincón no explorado a fondo o bien una dificultad no superada, como un sifón (galería completamente inundada), una estrechez o una escalada. El espeleoescafandrismo es una de las actividades más arriesgadas, pero que permite superar muchas de las zonas no exploradas hasta ahora. En los últimos años han evolucionado mucho las vestimentas secas para aguas muy frías, los aparatos computadores para calcular y optimizar las descompresiones complejas en alta montaña, las mezclas de gases y los vehículos propulsores. Pero se continúa necesitando un numeroso grupo de personas para transportar los equipos a los sifones más inaccesibles. Algunos ejemplos se encuentran en Krúbera-Voronya, donde las exploraciones actuales se centran en superar sifón tras sifón a más de 2.000 m de profundidad. O en el sistema Ox Bel Ha (México), donde se han explorado más de 142 km de galerías subacuáticas en 10 años, todo un récord de velocidad. El ensanchamiento de estrecheces es, actualmente, una actividad imprescindible en una gran exploración. La reducción del peso de la maquinaria, como los martillos y taladradoras percusoras, y el aumento de la autonomía de las baterías facilitan enormemente su uso. La escalada también se ha visto beneficiada por esta evolución de la maquinaria, que permite más velocidad y autonomía cuando se colocan ancorajes. Muchas de estas escaladas se realizan en estilo artificial y con un material y técnicas propias y específicas de la espeleología. Aquí no se busca la dificultad, sino la rapidez y la comodidad en la exploración.

eswyaMATERIAL

Aparte de este equipamiento especial, el espeleólogo se viste habitualmente con una o dos capas de ropa térmica de una sola pieza, de cabeza a pies, que expulse el sudor hacia fuera y aísle del frío. Encima se pone un mono más o menos impermeable en función de las características de la cavidad, que protege del agua, el fango y la fricción. Este equipamiento es muy habitual, si bien puede variar en cavidades muy cálidas o muy acuáticas. En el último caso se utilizan vestidos de neopreno u otros totalmente impermeables y casi estancos. El calzado puede variar mucho, desde las típicas botas de agua a las botas de montaña o de descenso de barrancos con calcetines de neopreno o normales. Los guantes y el casco completan el equipamiento básico. En cuanto a la iluminación, el clásico sistema de linterna de carburo que produce una llama por combustión del acetileno, se está quedando atrás. Con los modernos focos de 14 leds o más, o bien con la última generación de focos con pocos leds muy potentes, se gana en ligereza y autonomía.

¿DONDE?

La mayoría de las grandes expediciones actuales se realizan en Europa, Estados Unidos y países cercanos. Esto es así por dos motivos: por un lado, existen zonas con muchas posibilidades, por otro lado, es donde se concentran la mayoría de los espeleólogos. Es como tener el Himalaya al lado de casa. En el sur de Estados Unidos y México existen grandes extensiones de llanuras de roca calcárea donde se desarrollan complejas redes de centenares de kilómetros de galerías, como la Mammoth Cave. Pero en México hay también dos de las 10 cavidades más profundas del mundo, el Sistema Cheve y el Sistema Huautla. Pero el lugar del planeta donde hay más concentración de “miles” es en los Picos de Europa. Aquí coinciden cada año expediciones de toda Europa, y también es posible que algún día se superen los 2.000 m de profundidad. Otro punto caliente de la espeleología en Europa se sitúa en el Cáucaso, donde se encuentra la cavidad más profunda del mundo, Krúbera-Voronya, con 2.160 m. Pero aparte de la “metritis” y de la fiebre para los récords existen otras exploraciones bastante interesantes alrededor del mundo por su interés paleontológico, arqueológico o geológico, por ejemplo. Leyendo estas líneas podría parecer que participar en una gran exploración está reservado a unos pocos espeleólogos elegidos. Nada más lejos de la realidad. En estas expediciones se necesita mucha gente y hay muchas cosas por hacer. Aparte del día a día que permite el funcionamiento del campamento exterior, siempre hay zonas por prospectar, cavidades por situar sobre el mapa u otras para empezar la exploración o continuarla a partir de profundidades asequibles a la mayoría de espeleólogos. Tan sólo hace falta espíritu explorador, ganas de trabajar y pasión por la espeleología.

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La espeleología moderna

El siglo XIX confirmó el desarrollo de los estudios subterráneos, pero no será hasta 1894 cuando Edouard-Alfred Martel publicó la obra Les abismes (Los abismos). En este momento es cuando se produce el gran giro que dará lugar a la espeleología moderna. Fue Martel quien acuñó el término y describió las técnicas primeras de progresión con las que pudo llegar a explorar 250 cavidades, alguna de ellas de más de 250 metros de profundidad. Colgado de una cuerda de cáñamo y sentado sobre un tablón, con un sombrero de fieltro y una vela en la mano, fue el primero que consideró la exploración directa como un medio para conocer las cavidades y estudiarlas con rigor científico. Por eso será reconocido por todos como el padre de la espeleología moderna.

En España será otro cura, Norbert Font i Sagué, quién a principios del siglo XX, de la mano de Martel introduce la espeleología. Gracias a hombres como Marian Faura y Rafael Amat, la espeleología se irá extendiendo por todo el territorio peninsular. En la primera mitad del siglo el auge de la espeleología fue en aumento en toda Europa. En los años cincuenta, otro personaje importante, Norbet Casteret, prosiguió los trabajos comenzados por Martel.

Los materiales utilizados en las exploraciones fueron mejorando sustancialmente y en los años setenta se pasó de las escalas a las técnicas de solo cuerda. Este hecho marcó la gran revolución de la espeleología. El problema de las escalas era de tipo práctico: de un lado, lo voluminoso del material a transportar exigía un gran número de porteadores, por lo que tales expediciones podían ser realizadas por algunos pocos potentados que se podían permitir ese lujo; de otro, determinadas maniobras dentro de las verticales en las cavidades eran imposibles de realizar por lo angosto de los pasos. Utilizar la técnica de la sola cuerda posibilitó que un pequeño grupo de espeleólogos pudieran acometer exploraciones inimaginables hasta ese momento. La punta de las exploraciones subterráneas llegará, en año 2006, hasta los 2.158 m en la Sima Krúbera-Voronya.

 

 

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