Torrelaguna y Patones, Dos Villas con Historia

Torrelaguna y Patones, Dos Villas con Historia

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Torrelaguna y Patones pueden presumir de ser de esas localidades emblemáticas que poseen una historia que han marcado el devenir de la comarca durante largos períodos de tiempo. Desde el famoso Rey de los Patones, que hizo frente a las propias tropas de Napoleón Bonaparte, hasta la morada de Santa María de la Cabeza, pasando por los recuerdos de la infancia del ilustre Cardenal Cisneros, en la noble villa de Torrelaguna, son algunos de los nombres propios que muestran con orgullo los habitantes de estos lares…

Por Óscar San Martín Molina

TORRELAGUNA

Pasa por ser una de las localidades más interesantes de Madrid desde el punto de vista turístico. Situada en plena Sierra Norte, en sus apenas 50 kilómetros cuadrados podemos encontrar un abanico inmenso de posibilidades para practicar un turismo rural de calidad, en el que la historia de la región y la belleza de la sierra capitalina se unen para nuestro disfrute.

Iglesia de Santa María Magdalena
Iglesia de Santa María Magdalena

La villa se encuentra al nordeste de la provincia y hace frontera con Guadalajara. Su altitud media es de 744 metros y el terreno se eleva desde el río Jarama hasta las estribaciones de la sierra, que se extiende al norte y al noroeste de la localidad. Es importante reseñar que las mayores alturas no alcanzan los 1.000 metros, aunque el terreno está sembrado de lomas y cerros que hace que sus alrededores sean perfectos para practicar senderismo o mountain bike.

Entre las cotas más importantes que se pueden encontrar en el entorno de Torrelaguna destacan el Cerro de las Calerizas, el Cerro de la Tejera y el Cerro Montero, de 943 metros; además de otras dificultades montañosas como la Espartera, Tres Cantos o Valgallegos.

Una zona llena de historia

Hay que destacar que estamos en una localidad llena de historia, que a lo largo de los siglos se ha convertido en un punto de estrategia vital para dominar la zona norte madrileña, por lo que las conquistas y reconquistas han sido la nota predominante en Torrelaguna.
El origen de la población fue romano y recibía el nombre de Bernacis, aunque hasta la Alta Edad Media la villa no ocupó su emplazamiento actual. Su importancia estratégica era ya vital en esta primera etapa medieval y se convirtió en uno de los enclaves cristiano-visigodos fortificados más importantes de los que se asentaban a lo largo del Jarama. Este hecho no pasó inadvertido para el ejército musulmán, que lo convirtió en uno de los objetivos bélicos más importantes en su imparable camino hacia la conquista absoluta de la zona centro de la Península.

fachada típica
fachada típica

Ya bajo dominio árabe, los musulmanes reforzaron las murallas que rodeaban la ciudad y levantaron algunas atalayas con el objetivo de dominar la sierra y estar al tanto de cualquier incursión hostil. Sin embargo, tras el poderío musulmán llegó la respuesta cristiana y, poco a poco, la Reconquista fue un hecho en toda la zona y, consecuentemente, en toda la Península.

Hogar de la Santa y de Cisneros

La tradición asegura que durante estos años Torrelaguna y, concretamente, el barrio de Caraquiz fue el hogar de Santa María de la Cabeza, esposa de San Isidro, patrón de Madrid.

Busto de Cisneros
Busto de Cisneros

La Santa vivió y murió en la localidad, y sus restos reposaron en Torrelaguna hasta que en el siglo XVI fueron trasladados a Madrid, en la ermita de Nuestra Señora de la Piedad (luego llamada de Santa María de la Cabeza), situada en las inmediaciones del Jarama.
Poco a poco, la localidad fue creciendo y tomando importancia hasta que llegó a su cénit en el siglo XV, en tiempos del Cardenal Cisneros, que no quiso olvidar el lugar que le vio nacer. En esta época se construyeron numerosos edificios civiles y religiosos de estilo renacentista, y Cisneros en persona fundó un convento de franciscanos, el hospital de San Bartolomé, además de levantar un acueducto y un pósito.

Visitando Torrelaguna

El núcleo urbano de Torrelaguna tiene muchos puntos de interés. Los monumentos se suceden a medida que vamos caminando por la localidad y entre ellos destacan:

Iglesia de Santa María Magdalena. Se trata de uno de los mejores exponentes del gótico madrileño. Comenzó a edificarse bajo su forma actual en el siglo XV, continuando las obras durante toda la centuria siguiente, para ser rematada por el Cardenal Cisneros.

La fachada principal posee un relieve en el que se ve a la Virgen imponiendo la casulla a San Ildefonso, mientras que a la derecha de dicha fachada se sitúa la torre, con el escudo de Cisneros y el de Torrelaguna. Existe también otra entrada gótica con elementos renacentistas.

El interior del templo se divide en tres naves separadas por arcos de medio punto, tres ábsides y un coro. Este coro, al igual que los dos púlpitos de la iglesia, son de estilo renacentista en su decoración; un estilo que se puede observar también en los sepulcros de las capillas laterales, que contienen retablos barrocos y platerescos. Por otra parte, el retablo mayor del templo, de estilo barroco y atribuido a Narciso Tomé, es de una gran calidad artística. Hay que destacar que en su interior alberga una importante colección de obras de arte de los siglos XIV al XVIII.

Ermita de la Virgen de la Soledad. Fue construida en el siglo XVIII. En su altar hay una imagen de la Virgen, del año 1940, ya que la original desapareció con la invasión del ejército de Napoleón, durante la Guerra de la Independencia. En este templo residen también los diferentes santos que se sacan en procesión en las fiestas patronales: Santa Bárbara, San Nicolás de Bari, San Cristobal, El Cristo de los Olivos y el Cristo Yaciente. Este último es una de las grandes joyas del arte del siglo XVI.

Ermita de San Sebastián. Construida en el siglo XV, es de estilo gótico y está dedicada a San Sebastián. Hay que destacar que ha sido durante años albergue de peregrinos. Se trata de un conjunto reconstruido en el siglo XVII, ya que su estructura inicial data del siglo XV.

Ermita de San Sebastián
Ermita de San Sebastián

Plaza Mayor. Esta plaza es un bello ejemplo de la arquitectura popular castellana. Aquí se ubica el Ayuntamiento, del siglo XVI. Este edificio cuenta con una bella galería dintelada que embellece la Plaza Mayor, el lugar donde está ubicado. Cuenta también con una hermosa puerta ojival.

PATONES

Cuenta Antonio Ponz que ” en aquella desgraciada edad en que los sarracenos se hicieron dueños de España”, algunos buenos cristianos se escondieron en estos agrestes parajes y eligieron de entre ellos un rey que los gobernase, y así siguió la cosa durante siglos, olvidados de todos.

Por las bellas calles de Patones de Arriba
Por las bellas calles de Patones de Arriba

Dice la tradición que uno de sus orgullosos monarcas (no hay documento histórico que así lo confirme), llegó a escribir una carta que comenzaba diciendo: “Del Rey de los Patones al Rey de las Españas”. El monarca que por aquel entonces debía ser Felipe II, mandó averiguar quién era aquel súbdito tan descarado que presumía de tener un reino dentro del suyo. Pero, enterado de su situación, sin caminos que hasta allí llegaran, los dejó tranquilos.

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Más tarde, Carlos III intentó ponerles impuestos sin, al parecer, demasiado éxito, así que permanecieron ignorados de todos.
De Torrelaguna sale una serpenteante carretera que, tras siete kilómetros, lleva a Patones. Hay dos Patones, el de Arriba y el de Abajo. Los separan dos kilómetros por una empinada cuesta. Al de Abajo, formado por una serie de casas a ambos lados de la carretera sin nada especial que destacar, han acabado trasladándose, en el siglo XX, casi todos los habitantes. El de Arriba, es el de la curiosa historia, toda ella oral, pues los pocos archivos que había fueron quemados por un secretario en el siglo XX, considerándolos papel viejo. La historia del rey de los Patones empezó a ser aireada hará unos veinte años y la pequeña aldea se hizo famosa.

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Un francés supo ver el negocio y arregló algunas casas, vendiéndoselas a veraneantes. Luego se pusieron un par de restaurantes y la cercanía a Madrid hizo el resto. Hoy día, apenas quedan tres o cuatro vecinos de los de antes. A la entrada está lo que llaman palacio del rey de Patones, una humilde casa con dos pequeños leones de piedra y una lápida que intenta resaltar su curioso pasado. Patones, en realidad, tiene poco que ver arquitectónicamente hablando pero su belleza natural es digna de mención. Es un pueblecito pequeño, y desierto en días de diario pero abarrotado de excursionistas los fines de semana. Cerca de él se encuentra prodigios naturales tales como la cueva del Reguerillo (declarada monumento histórico-artístico), donde se conservan numerosas estalactitas y grabados prehistóricos, y la presa del Atazar.

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