Viajamos hasta el corazón de los Pirineos franceses para descubrir el Valle de Louron en verano. Loudenvielle y el espectacular lago de Génos se convierten durante los meses estivales en un enorme escenario natural donde disfrutar en familia de actividades acuáticas, montaña, parapente, piscinas, gastronomía y termalismo. Después de vivirlo, lo tenemos claro: aquí el verano tiene tanto que ofrecer como el invierno.
Hay destinos que creemos conocer hasta que decidimos visitarlos en una estación diferente. Eso es precisamente lo que nos ha ocurrido en nuestro viaje al Valle de Louron, en los Altos Pirineos franceses.
Conocíamos esa imagen invernal de los Pirineos: montañas nevadas, estaciones de esquí, remontes y jornadas deslizándonos por sus pistas. Pero esta vez hemos cambiado los esquís por las zapatillas, los bañadores y las actividades al aire libre para descubrir cómo se transforma este valle cuando desaparece la nieve. Y viajando en familia, la sorpresa ha sido todavía mayor.Porque el Valle de Louron tiene algo que no siempre resulta sencillo encontrar cuando viajamos con niños: actividades capaces de divertirles a ellos y, al mismo tiempo, permitirnos a los adultos disfrutar realmente del destino. Aquí no hemos tenido que elegir.
Loudenvielle, nuestro campamento base
Nuestra aventura comienza en Loudenvielle, uno de esos pequeños pueblos pirenaicos donde nada más llegar sabes que vas a pasar mucho tiempo al aire libre.
Estamos en pleno Valle de Louron, rodeados por montañas y muy cerca de dos conocidas estaciones de esquí: Peyragudes y Val Louron. Pero durante el verano nuestra mirada se dirige inmediatamente hacia otro lugar. El lago de Génos-Loudenvielle.

Es difícil imaginar un escenario mejor para comenzar unas vacaciones familiares en los Pirineos. El lago ocupa unas 32 hectáreas y está completamente rodeado por montañas. A su alrededor encontramos senderos, grandes zonas verdes y buena parte de las actividades que iremos descubriendo durante nuestra estancia. Un recorrido de aproximadamente tres kilómetros permite darle la vuelta caminando. Nosotros lo hacemos sin prisas. Porque aquí lo mejor es precisamente eso: detenerse, contemplar las montañas y disfrutar del paisaje.
Nos lanzamos al lago
Pero contemplarlo desde la orilla dura poco,especialmente cuando viajamos con niños. Una de las primeras cosas que quisimos hacer fue salir al agua.
Durante el verano, la base náutica permite alquilar pedalós, canoas, kayaks y tablas de paddle. Elegimos una de esas actividades que nunca fallan cuando viajamos en familia: el pedalo. Nos ponemos en marcha y poco a poco dejamos atrás la orilla. Desde el centro del lago la perspectiva cambia completamente.
Loudenvielle queda a nuestra espalda mientras las montañas del Valle de Louron nos rodean. Los niños pedalean, nosotros intentamos mantener el rumbo y durante un rato simplemente disfrutamos del paisaje. Son actividades sencillas, pero precisamente por eso funcionan tan bien en familia, mo hace falta ser un gran deportista solo tener ganas de disfrutar.
Aquaparc: el reto es no acabar en el agua
Nuestra siguiente experiencia sube considerablemente el nivel de diversión: Sobre las aguas del lago encontramos Aquaparc du Louron, un gran circuito flotante formado por obstáculos, plataformas, zonas para trepar y saltos. Y evidentemente había que probarlo. Aquí el objetivo parece sencillo: avanzar por el circuito intentando mantener el equilibrio, aunque la realidad es bastante diferente: Corremos, saltamos, trepamos… y acabamos en el agua más veces de las que probablemente nos gustaría reconocer. Los niños, encantados….y nosotros también.
El Aquaparc está pensado para mayores de siete años que sepan nadar y la actividad se realiza con chaleco de flotación. Es una de esas experiencias que recomendamos especialmente si se visita Loudenvielle durante el verano con niños.
Ludéo: ahora llegan los toboganes
Si algo estamos comprobando durante nuestro viaje es que el agua tiene un enorme protagonismo en el verano del Valle de Louron.

Muy cerca del lago encontramos Ludéo, un espacio acuático exterior pensado especialmente para las familias. Y aquí los protagonistas indiscutibles son los toboganes. Piscinas exteriores, juegos de agua, zonas infantiles y grandes pistas de deslizamiento convierten el lugar en una fantástica opción para pasar unas horas. Nosotros lo comprobamos rápidamente: Subir, lanzarnos, volver a subir y volver a lanzarnos.
Cuando viajamos con niños sabemos que existen determinados lugares de los que cuesta especialmente conseguir que quieran marcharse. Este es uno de ellos.
Miramos al cielo: estamos en tierra de parapentes
Mientras caminamos alrededor del lago hay una imagen que se repite constantemente, miramos hacia arriba y vemos parapentes descendiendo lentamente sobre el valle.
El Valle de Louron es uno de los grandes escenarios pirenaicos para practicar parapente. Desde diferentes puntos de la montaña parten vuelos que terminan muy cerca del lago.
Para quienes nunca lo hayan probado existe la posibilidad de realizar vuelos biplaza acompañados por un instructor. Nosotros, desde abajo, contemplamos cómo sobrevuelan el lago, y tenemos que reconocer que dan ganas de intentarlo porque si el paisaje resulta espectacular desde la orilla, imaginamos cómo debe verse desde varios cientos de metros sobre nuestras cabezas.
Skyvall: de Loudenvielle a Peyragudes
Otra de las cosas que más nos gusta de visitar estaciones de esquí durante el verano es comprobar cómo cambian completamente. Los remontes que durante el invierno transportan esquiadores se convierten ahora en la puerta de entrada a la montaña para senderistas y ciclistas.
Desde Loudenvielle utilizamos Skyvall, la telecabina que conecta el fondo del valle con Peyragudes. Partimos desde unos 900 metros de altitud y llegamos a la zona de Peyresourde, en Peyragudes, a unos 1.600 metros.
En apenas unos minutos hemos cambiado completamente de escenario. El lago queda abajo y ante nosotros aparece la montaña.
Para quienes viajamos con niños nos parece especialmente interesante, porque permite ganar altura cómodamente y disfrutar de las zonas superiores sin afrontar grandes desniveles caminando.
Peyragudes también es para el verano
Y aquí descubrimos otra sorpresa. Peyragudes no cierra cuando termina la temporada de esquí, simplemente cambia de actividad.
Durante el verano la montaña se convierte en territorio para senderistas, ciclistas y familias que buscan experiencias al aire libre.
Hay rutas de montaña, Bike Park, parapente, tirolinas y diferentes propuestas para descubrir los paisajes de altura.
La bicicleta tiene un protagonismo especial y los remontes permiten subir con las bicicletas y desde allí comenzar diferentes descensos. Para quienes se estén iniciando existen opciones relativamente accesibles, mientras que los ciclistas experimentados encuentran recorridos bastante más exigentes. Nosotros preferimos tomárnoslo con tranquilidad.
Subir, caminar, contemplar el paisaje y descubrir esa otra cara de una estación que muchos únicamente conocemos cubierta de nieve.
Balnéa: después de la aventura toca relajarse
Después de tanta actividad también necesitamos bajar el ritmo. Y Loudenvielle guarda una última sorpresa: Junto al lago se encuentra Balnéa, uno de los grandes centros termolúdicos de los Pirineos franceses.
La propuesta nos parece perfecta después de una jornada de montaña. Pasamos de caminar, remar, saltar y lanzarnos por toboganes a disfrutar de piscinas y aguas termales rodeados por el paisaje pirenaico.
Balnéa cuenta con diferentes espacios inspirados en culturas de distintas partes del mundo y dispone también de áreas que permiten disfrutar de la experiencia en familia. La sensación de estar dentro del agua mientras contemplamos las montañas que rodean Loudenvielle es difícil de superar. Y probablemente sea una de las mejores maneras de terminar el día.
Nuestra parada gastronómica: comer en Mama Jo
Viajar también significa sentarse a la mesa. Y después de una mañana de actividades, llega uno de esos momentos que forman parte imprescindible de cualquier viaje: parar, descansar y recuperar fuerzas.
Durante nuestra estancia elegimos Mama Jo para hacer una de nuestras paradas gastronómicas. Después de varias horas disfrutando del lago y de la montaña, apetecía sentarnos tranquilamente alrededor de una mesa antes de continuar descubriendo el Valle de Louron.Y esos momentos también forman parte del viaje.
Cuando viajamos en familia, la comida se convierte muchas veces en ese pequeño paréntesis en mitad de la jornada en el que todos bajamos el ritmo, comentamos lo que hemos hecho durante la mañana y comenzamos a decidir cuál será nuestra siguiente aventura. Nuestra comida en Mama Jo fue precisamente uno de esos momentos.
Una parada para descansar y seguir disfrutando de una jornada en la que prácticamente todo sucede alrededor de Loudenvielle. Y esa es otra de las cosas que más nos han gustado del destino. No necesitamos realizar grandes desplazamientos para pasar de una actividad a otra. Podemos estar por la mañana disfrutando del lago, parar para comer y, unas horas después, encontrarnos nuevamente preparados para subir a la montaña o regresar al agua.
Los sabores del Valle de Louron
Nuestra parada en Mama Jo también nos sirve para recordar que viajar por los Pirineos franceses significa descubrir una gastronomía estrechamente ligada a la montaña. Estamos en un territorio de productos locales y recetas tradicionales.
Uno de los platos más característicos de esta parte del suroeste francés es la garbure, una contundente sopa elaborada tradicionalmente con verduras y diferentes carnes. Un plato nacido de la cocina de montaña y perfecto para recuperar fuerzas.
También encontramos quesos elaborados por productores locales, mieles de montaña y productos artesanales que forman parte de la identidad gastronómica del valle. Y existe una especialidad especialmente curiosa: el gâteau à la broche. Este tradicional pastel pirenaico se prepara haciendo girar lentamente la masa alrededor de un espetón frente al fuego. Capa tras capa va adquiriendo su característica forma irregular y puntiaguda. Es uno de esos productos que merece la pena probar, aunque solo sea por conocer una tradición gastronómica que continúa pasando de generación en generación. Porque si algo tenemos claro después de nuestros viajes es que un destino no se conoce únicamente recorriéndolo. También se conoce sentándose a su mesa.
Los pequeños pueblos del Valle de Louron
Loudenvielle es el centro de buena parte de la actividad turística, pero sería un error quedarse únicamente aquí. El Valle de Louron está formado por 15 pequeños pueblos que conservan buena parte de la arquitectura y del carácter tradicional de los Pirineos.
Casas de piedra, tejados de pizarra, pequeñas iglesias y carreteras que ascienden entre prados forman parte del paisaje. Uno de los lugares que tenemos prácticamente al lado es Génos, situado en el extremo opuesto del lago. Pero merece la pena utilizar el coche para recorrer tranquilamente otros pequeños núcleos del valle. Aquí las distancias son cortas. Y esa es otra de las grandes ventajas del destino.
Podemos pasar la mañana haciendo una actividad, parar para comer y terminar la tarde nuevamente junto al lago.
Un territorio que invita a caminar
Aunque las actividades más espectaculares llaman inmediatamente la atención de los niños, nosotros no queremos marcharnos sin disfrutar de algo mucho más sencillo. Caminar.
El Valle de Louron ofrece numerosos senderos y rutas de diferente dificultad.
Para una familia no es necesario buscar grandes ascensiones.nEl propio paseo alrededor del lago de Génos-Loudenvielle ya permite disfrutar del paisaje sin ninguna dificultad especial. Y utilizando Skyvall podemos acceder a zonas más elevadas y comenzar desde allí otras rutas. Ese es precisamente uno de los aspectos que más nos gustan del destino: cada familia puede adaptar la montaña a su propio ritmo.
No hace falta convertir cada jornada en un desafío deportivo. Aquí también se puede disfrutar simplemente caminando.
¿Merece la pena visitar Loudenvielle con niños?
Después de nuestra experiencia, nuestra respuesta es clara: Sí, y mucho.
El Valle de Louron tiene algo que buscamos especialmente cuando viajamos con nuestros hijos: actividades capaces de divertirles sin convertir el viaje en unas vacaciones exclusivamente infantiles. Aquí todos disfrutamos.
Los niños tienen agua, toboganes y aventura. Nosotros tenemos montaña, paisaje, senderismo, pueblos, gastronomía y termalismo. Y muchas de las experiencias las compartimos.
Ese equilibrio es precisamente lo que hace que un destino familiar funcione. Además, existe otro factor que para nosotros es importante cuando viajamos con niños: las distancias. Buena parte de las actividades están concentradas alrededor de Loudenvielle y del lago No necesitamos pasar media jornada dentro del coche para cambiar de plan. Y eso, en unas vacaciones familiares, se agradece mucho.
Nuestra conclusión: queremos volver
Regresamos de nuestro viaje con una imagen muy diferente de esta parte de los Pirineos franceses: Ya conocíamos sus montañas pero ahora sabemos que cuando desaparece la nieve comienza otra temporada completamente diferente; Eel verde sustituye al blanco, los esquís dejan paso a las bicicletas, las botas de montaña y los bañadores, las terrazas se llenan, los parapentes aparecen en el cielo y el lago de Génos-Loudenvielle se convierte en el auténtico corazón del valle.
Durante nuestra estancia hemos navegado por sus aguas, disfrutado de actividades con los niños, contemplado las montañas, descubierto Peyragudes sin nieve, hecho una parada gastronómica en Mama Jo y entendido que aquí el verano no es una temporada secundaria.
Es otro viaje. Uno completamente diferente al invierno, y quizá eso sea precisamente lo que más nos ha sorprendido.
Hemos venido buscando unos días de montaña en familia y nos hemos encontrado con uno de los rincones más completos de los Pirineos franceses para disfrutar del verano con niños.
Un lugar al que volveríamos.
Y probablemente volveremos.
GUÍA PRÁCTICA T&A TRAVEL/NEWS
Dónde hemos estado: Valle de Louron, Hautes-Pyrénées, Francia.
Nuestro campamento base: Loudenvielle.
Imprescindible: lago de Génos-Loudenvielle.
Para quién lo recomendamos: familias con niños, parejas, amantes de la naturaleza y viajeros que busquen unas vacaciones activas de montaña.
Qué hacer: pedalós, kayak, paddle, Aquaparc, Ludéo, senderismo, parapente, bicicleta de montaña, Skyvall y Balnéa.
Dónde comimos: Mama Jo.
Qué probar en la zona: garbure, quesos y mieles de montaña y el tradicional gâteau à la broche.
Cuántos días: tres días permiten descubrir los principales atractivos, aunque nosotros elegiríamos cuatro o cinco para disfrutar del valle sin prisas.
Mejor época para este tipo de viaje: julio y agosto, cuando está operativa la mayor parte de la oferta estival.
CONSEJO T&A
Si viajáis con niños, no intentéis concentrar todas las actividades en un solo día.
Nosotros alternaríamos una actividad más intensa con otra tranquila: montaña por la mañana y lago por la tarde, o Aquaparc y después un paseo.
Y reservaríamos algún momento simplemente para sentarnos junto al lago.
Porque en el Valle de Louron hemos descubierto algo que a veces olvidamos cuando viajamos:
no hace falta estar haciendo cosas continuamente para disfrutar de un destino.
A veces el mejor plan es no tener ningún plan.